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El fantasma del fin de ciclo

El despropósito de Cifuentes compromete al límite el futuro de un PP aturdido y que ve cómo Catalunya asienta su razón independentista

Juan Mari Gastaca - Sábado, 7 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:04h

El fantasma del fin de ciclo busca nido en la sede central del PP. Según soplan los vientos tan agoreros, viene dispuesto a quedarse. Entre la imparable oleada político-mediática de Ciudadanos, el espectáculo-master de Cristina Cifuentes, el ridículo judicial contra las embestidas independentistas de Catalunya, la pestilente corrupción sin límite y unos Presupuestos, de momento, para la galería de fotos del Congreso, el proyecto de Mariano Rajoy camina herido de muerte. La demoledora tarde del pasado jueves -la libertad sin causa de rebelión para Carles Puigdemont y el envío a la Fiscalía de tanta irregularidad en la Universidad Rey Juan Carlos- ha diluido hasta el estrépito la Convención Nacional de este fin de semana de los populares, en Sevilla, porque retratará un partido temeroso, acartonado en su discurso ideológico y descosido por sus supuestas corruptelas. Fatídicamente el resultado contrario al objetivo inicial que se pretendía de impulsar su candidatura nada novedosa a la Junta de Andalucía, un territorio donde Ciudadanos les dará el primer gran disgusto en las urnas, las primeras después del 21-D catalán.

Las próximas semanas -hay quien lo rebaja tan solo a unos días- se antojan tortuosas para el PP. Cifuentes, sin coartada tras hablar ayer el rector, ha comprometido al infinito desde el absurdo personal la suerte de su partido en el principal escaparate político, que es Madrid. Víctima de su ambición, pero sobre también de los vicios adquiridos durante tantos años en el enjambre del cortijo popular y del ventilador implacable de sus corruptos enemigos, esta presidenta ha acabado por desairar a su principal valedor, al propio Rajoy. El líder popular había llegado a poner esta misma semana una mano en el fuego por ella. Ahora, una vez conocidas las penúltimas irregularidades de un serial informativo bien documentado y orquestado, unidas a la confesión patética del director del máster, una y otro salen abrasados porque su complicidad se antojaba total durante los últimos cuatro años. En caso de duda sobre su afinidad, que se lo pregunten a Esperanza Aguirre e Ignacio González.

Mientras, Ciudadanos se frota las manos. Salga cara o cruz en el futuro de Cristina Cifuentes, le toca premio seguro. Impulsado por una ola politico-mediática desde que estalló el procés el partido de Albert Rivera acaricia la pieza autonómica más deseada: el poder de la Comunidad de Madrid. Lo hará, además, sin prisas, cociendo a la actual presidenta -si antes no se va- en el jugo de una comisión de investigación, refugio elegido para tranquilizae a sus fieles rechazando su apoyo a la moción de censura de la izquierda. Por la capital se empieza a anidar el fantasma del fin de ciclo. Rajoy combatirá el mal fario desde la apurada resistencia de su soledad, quizá ya sabedor de su destino porque es consciente de que empieza a ser cuestionado dentro del partido cuando jamás -José María Aznar y FAES, al margen- nadie osó hacerlo. No es descartable, por tanto, que toda su reacción política se reduzca a levantar los hombros bajo la tormenta incesante, deje correr la pelota mientras pasa el tiempo y componga sus sucesivos discursos de recurrentes arengas contra quienes desde la responsabilidad de Estado, y mirando a los tendidos del PSOE y del PNV, no apoyan la subida de las pensiones ni las inversiones que recogen los Presupuestos post-crisis.

Desde luego, el presidente ni se asomará por el avispero catalán, avivado por el contundente mazazo de Alemania a las razones procesales del juez Llarena, siempre cuestionadas por su sutil intencionalidad política. En plena efervescencia independentista por el alentador panorama judicial que se le acaba de abrir a Carles Puigdemont se antoja una quimera idear un Govern sin la presidencia de un candidato procesado como respuesta contundente al Estado español. Así las cosas, más jarabe de ese 155 insufrible que tanto aleja al nacionalismo vasco de la voluntad negociadora que pretende el Gobierno español. Un patético lienzo político de difícil digestión al que no son ajenos los coletazos interminables en redes sociales y tertulias de la pelea familiar entre la esposa -muy significativos los primeros pitos que ha recibido- y la madre del rey de España.

En este akelarre del descrédito bastante generalizado, donde la corrupción ha jugado un papel lacerante, sin diálogo alguno entre los cuatro principales partidos, con un Parlamento incapaz de articular una mínima actividad legislativa en los grandes asuntos de interés social, solo quedaba para el docudrama la guinda fatalista de las cuitas de salón de la monarquía. Va a ser verdad que el fin de ciclo asoma.

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