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El cronista precoz, homenaje y fuga

Juan de Biasteri / Cronista y sharista

Viernes, 6 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Juan de Biasteri, entrevistando a Atano III.

Juan de Biasteri, entrevistando a Atano III. (Foto: Federación Alavesa de Pelota)

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Juan de Biasteri, entrevistando a Atano III.

tripolar, cuadrafónico, polifuncional -termino no admitido por la Real Academia de la Lengua pero que viene al caso y de perlas- y mucho más. Un culo inquieto. “Todavía queda por hacer”, me dice, “no se bien qué”. Estaremos atentos.

Sharista. Habilidoso con la mano, con la zurda se manejó bien en paleta pero encontró su sitio en el share, convencido de su excelencia por Akitxo y Garaikoetxea y adherido a la causa bajo el patrón Aitona, el maestro. “Enrique Abril me regaló 24 shares para el grupo de Vitoria y decidí probar”. Enrique era divulgador, escritor y amigo. Probó luego la herramienta junto al admirado Ogueta. Ni ponerla en juego supo. “Josemari puso a buena unas cuántas, no iba a ser fácil”, pensó. Pasó un tiempo hasta que, tras quedar para jugar a cuero y no presentarse nadie “cogí el trasto y pasé la hora entera dale que te pego, cogerle el tranquillo y empujar la pelota”. Y se unió al grupo. Ganó tres torneos individuales y perdió el cuarto, contra Carlos Ugarte, después de 50 victorias consecutivas. Junto a éste competiría en el estatal de Lekunberri venciendo en semifinales a la potente Navarra y cayendo en la final contra Gipuzkoa “después de lesionarme y dejar muy sólo a Carlos en el partido decisivo”.

El deporte de la pelota es como la vida misma, según Juan Ramón Madrid, aficionado, “tengo suficiente con eso”, que mira la pelota como si fuera ballet “u olas en el mar, con sus idas y venidas” y, en un partido, “varios mundos o vidas”. “Lo malo”, dice, es que la afición “se ha contaminado”. Se parecía a la del tenis “con más pasión” y ahora se asemeja a la del fútbol porque “no hay respeto y se aplaude el fallo”.

A Ogueta le tiene en un pedestal. Como pelotari y como persona. “Decían que era un engreído”, cuenta “pero asimilaba las críticas mejor que nadie. Le admiré mucho”, subraya. José Mari le sustituiría luego como intendente en Empresas Unidas. “Cuando dejé la empresa la pelota pasó a un segundo plano”. Colaboró en Deia, La Gaceta y El Correo, escribió 100 años de pelota alavesa, libro de consulta imprescindible, y “me centré en el negocio familiar”. En los vinos. Primicia. Aún hoy cree que sigue faltando una buena novela sobre el mundo de la pelota -“la definitiva”- y, quién sabe, si podría haber sido él el autor… “Ojalá hubiera sido mejor escritor”, confiesa.

Nació Juan Ramón, en Laguardia, en agosto del 51, pero ha sido Juan de Biasteri desde niño. El apellido quedó para Rodolfo, campeón del mundo y gran pelotari y Roberto, 7 y 8 años mayores. La afición la heredaron de Julián, el padre, “que le pegaba de revés”. La de veces que acompañó al grupo en una de las dos DKW que había en Laguardia, por los pueblos de los alrededores: Albelda, Alberite, Huércanos, para ver pelota. Casi siempre en la de Pola, familiar y vecino, sentado en la joroba que el vehículo tenía entre los asientos de conductor y copiloto, “con el culo hirviendo” y apenas siete años. “Siempre había un sitio para mí”. Inquieto y flaco, a los 14, asentada la familia en la calle Barrancal, “el Harlem vitoriano” según Luis Mari Bengoa, Juan crea un equipo infantil de calle buscando chavales de colegio en colegio. La prensa se hizo eco de la noticia. El asunto resultó gracioso. Un crío de 14 años forma un equipo capaz de vencer a San Ignacio y Aurrera. Los frailes se le echaron encima y, de caer simpático, pasó a incomodar. Le quitaron medio equipo y la ilusión. Devolvió las fichas del otro medio y el Barrancal desapareció. No más fútbol. Es entonces cuando Javier Arrizabalaga -recién nombrado presidente, “el mejor”- le ficha. Entra en la Federación y, con 15 años, representa a Álava en el Nacional juvenil de Pamplona que gana Oreja III. Cumple de botillero con chavales dos o tres años mayores. El cronista del Diario Navarro, Belarra, publica así la historia “el hermano del pelotari Rodolfo Madrid bate el récord de botillero más joven de España”. El alcalde pamplonés “me sienta a su derecha en la comida con la organización y, jocoso, me pregunta: ¿dónde está tu padre?”. Me dice que lo hizo “para que nadie le pidiera dinero ese día”.

En 1966 Rodolfo se proclama campeón del mundo en Montevideo. Los medios reaccionan y Jesús Ecenarro -ariete de la prensa deportiva alavesa por entonces- habla con el padre y éste le dice: “Mi hijo escribe bien y ha ganado algún que otro premio con sus redacciones”. La intención de la alabanza surte efecto y Ecenarro le permite redactar la reseña para El Correo. No había cumplido los 16 y firma como Mutil, seudónimo sustituido prontamente por el de Juan de Biasteri. Al poco se traslada al Norte Expres -hubo trasvase- donde meses después llegaría el propio Ecenarro. Al verle el nuevo director, Zuloaga, dicen que dijo, “he venido a dirigir un periódico, no una guardería”. Meses después le llamó al despacho, “para despedirme, creí”, para felicitarle, loar su trabajo, encomendarle “una serie de entrevistas” y subirle el sueldo. Por aquellos fechas pudo charlar con el mítico Urtain en su caserío próximo a Zegama, con quien se vería un tiempo después en una discoteca donde trabajaba de portero, viejo y deshecho, -“me reconoció”-, pocos meses antes de precipitarse por una ventana. “Esa noche no trabajó. Cayeron unos cuantos gin tonics”.

Mateo Murua, intendente en Bergara, le conoció en sus inicios, hecho una mozalbete y le cogió cariño. Le enseño a moverse por ese mundo, le desveló algún que otro secreto y le reveló que “alguien” le había comentado, con ironía y mal tono, “qué poca categoría, la del periódico, enviar a un chico a trabajar”. Luego le confesaría, “textual” me dice: “Mejor un niño que escribe como un hombre, pues hay mucho hombre que escribe como un niño”.

Aitona, el abogado J. R. Basterra, que peleó en la guerra con los perdedores, el ejemplo a seguir en cuanto a cronista, polemista, y voz autorizada -le leían hasta quienes no les gustaba la pelota- llegó a elogiarle, algo que no se estila, en algunas de sus crónicas. Y más, en medio de la guerra de guerrillas en que se convirtió su relación con la Federación con respecto a su profesión. Presiones, intento de “compra” y chantaje al medio. “Pero yo era periodista y libre”. Ni se achantó ni aceptó condiciones y así, rondando los 25, y tras un homenaje apoyado por el mismo Aitona, Biasteri abandona el periodismo y acepta el cargo de intendente en Empresas Unidas en Vitoria y Logroño con Eskulari. Conoce el mundo de la pelota por dentro y “por desgracia” el puesto no le permite defender como “debiera haber hecho” el frontón del centro ante la llegada de lo nuevo en Mendizorrotza. Ni Felicias Olave lo quiso.

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