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“La pintura de Arrúe es algo tan nuestro como comer un talo”

El investigador Félix Mugurutza se afana por conseguir que Llodio honre la memoria del pintor, fallecido hace 41 años

Araceli Oiarzabal - Jueves, 5 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Mugurutza posando en la Herriko Plaza de Llodio con una lámina de Arrúe que retrata la misma plaza.

Mugurutza posando en la Herriko Plaza de Llodio con una lámina de Arrúe que retrata la misma plaza. (Foto: A.O.)

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Mugurutza posando en la Herriko Plaza de Llodio con una lámina de Arrúe que retrata la misma plaza.

Llodio- Hoy se cumplen 41 años del fallecimiento en Llodio del pintor José Arrúe (1885-1977, uno de los mayores exponentes de la pintura vasca y, por su peculiar estilo, uno de los más reconocidos en diferentes lugares. Sin embargo, “en el pueblo donde vivió más de 50 de sus 91 años, donde pintó la mayor parte de su obra y en donde reposan enterrados sus restos, a penas se le conoce”, explica con pesar el investigador y etnógrafo Félix Mugurutza, que lleva más de un año “en rebelión y lucha contra el olvido” al que ha estado sometido este artista en su localidad de adopción, de cara a que tenga el homenaje oficial que merece.

Y es que, excepto por una calle que se le dedicó en los años 80, los reconocimientos que ha recibido Arrúe en Llodio, hasta ahora, siempre han sido de iniciativa privada. En junio de 2016, el batzoki recordó su figura con la colocación en su fachada de una reproducción de Rincón de feria (un cuadro de 38×26 centímetros datado en 1944 y que fue donado por la hija del pintor);y hoy, justamente, hace un año, que Mugurutza -descubridor de la tumba del pintor en un panteón del cementerio local- ofreció una conferencia en la Casa de Cultura, de carácter abierto y participativo, en la que habló someramente de su vida y obra, y profundizó en la aportación antropológica de sus pinturas, porque “Arrúe es como una enciclopedia de las costumbres de los siglos XIX y XX. Un urbanita que retrató el mundo rural que veía con mucho detalle, consciente de que estaba a punto de desaparecer con la industrialización, y que nos ha legado muchísima información a través de sus dibujos”, subraya.

Acuerdo en papel mojado Fue esta charla la que impulsó, de algún modo, que el pleno del Ayuntamiento de Llodio debatiera, en noviembre de 2017, una moción surgida del grupo Omnia, en la que se reconocía que “José Arrúe nos abandonó sintiéndose un laudioarra como el que más, aunque fuese por adopción. Sin embargo, incomprensiblemente no le hemos hecho homenaje ni reconocimiento alguno como pueblo, a excepción de alguna iniciativa personal”. La propuesta, que instaba a promover un homenaje para rememorar la figura de este “bilbaíno de cuna que pasó gran parte de su vida en Llodio”, fue aprobada por unanimidad pero, a día de hoy, sigue sin hacerse nada “por abandono, falta de pasión e interés por parte del equipo de gobierno”, opina Mugurutza.

No obstante, éste no piensa cejar “en la lucha quijotesca en la que me he embarcado. Lo del año pasado solo fue una llamada de atención y, si todos los concejales votaron a favor, por algo será. Estoy convencido de que tarde o temprano Arrúe tendrá el reconocimiento que merece por parte de Laudio, porque lo palpo en la calle y en la gente”, asegura, en referencia a que muchas personas le están preguntando cómo hacerse con alguna de sus láminas. “Se trata casi de viñetas, con cierto toque de comicidad por cercanía, como cuando en pleno retrato de una romería aparece el borracho de turno dando tumbos o el mozo rondando a la moza. Son láminas que todos hemos visto en casa alguna vez, hasta en baldosas, y que por simpatía quieres tener, porque es una pintura tan nuestra como comer un talo”, explica.

Ideas para un homenaje De hecho, Mugurutza ya intentó el año pasado que el Consistorio editara un calendario con doce láminas de Arrúe, de cara a distribuirlo entre la población, pero el proyecto no salió adelante. “Lo más difícil, que era el permiso de la familia para la reproducción de los cuadros, estaba conseguido, pero no se llevó a cabo el calendario pese a que la impresión no era muy cara”, recuerda Félix. No es la única idea que le ronda en la cabeza para que Llodio homenajee a Arrúe, ya que aún no ha desistido de que el Ayuntamiento le nombre Hijo Predilecto o que se coloquen paneles con algunas de sus obras en el tramo de Caminos Viejos que discurre frente a la casona del barrio de Areta que albergó su residencia y estudio. “Esta casa está en muy mal estado, pero creo una gran idea instalar cuatro o cinco paneles informativos sobre la vida y obra de este pintor, aprovechando que por delante del que fuera su estudio va el Parque Lineal del Nervión y sus muchos usuarios”, propone.

De igual forma, insta a colocar una placa que recuerde la casa en la que falleció el 5 de abril de 1977, en pleno centro urbano de Llodio. Concretamente, “encima del antiguo cine Avenida en la calle Virgen del Carmen, donde vivió desde 1963 junto a su hija María Luisa”, expone Mugurutza “dolido a la par que orgulloso” de que otros municipios, sin tanto apego a la figura de Arrúe, tales como Gernika, hayan organizado conferencias en torno a este pintor “con un rotundo éxito de público”. Asimismo, el pasado 24 de septiembre, en Orozko, donde también tenía el pintor un gran arraigo, se reprodujo con voluntarios reales el cuadro La romería, uno de los más reconocidos del artista.

Estilo propio “La Guerra Civil frenó en seco su carrera, sino su repercusión internacional hubiera sido aún mucho mayor, y eso que ya expuso en Uruguay y Argentina”, cita Mugurutza, que también destaca el “estilo propio” de Arrúe como motivo de que museos tales como los de Bellas Artes de Bilbao y de Álava tengan obra suya. Y es que, nacido en el seno de una familia acomodada de la capital vizcaína y con cuatro de sus seis hermanos también pintores, José Arrúe recorrió desde muy joven Europa con su tía Matilde, gracias a la que estuvo en contacto directo con el mundo artístico e intelectual de la época “y pudo aplicar en sus pinturas los estilos y técnicas más vanguardistas del momento”, subraya.

Su relación con Llodio y Orozko surgió en 1909 “cuando apostó con un amigo que aprendería a torear antes que su compañero a pintar, y pasó aquel verano practicando con las reses bravas que había en Orozko y allí conoció a su esposa, Segunda Mendizábal”, relata Mugurutza, que tampoco pasa por alto que en Llodio “coincidió con el compositor Ruperto Urquijo, con quien comparte el título de algunas obras como Luciano y Clara o Katalín”. Sin embargo, sus viñetas e historietas de corte satírico, en periódicos republicanos y nacionalistas de izquierda, le hicieron pagar factura. Fue apresado por las tropas italianas en Santander y encarcelado durante dos años en las prisiones de Santoña, Orduña y Escolapios de Bilbao;su casa de Iralabarri en Bilbao fue ocupada y sus obras y pertenencias expoliadas. “Era de ANV y el franquismo borró su obra;así que, tras recuperar la libertad, debió comenzar de cero y escogió instalarse en Areta en 1940”. Allí consiguió con la ayuda de su familia y la gente del pueblo, la paz necesaria para continuar pintando. Una pasión que siguió cultivando hasta el fin de sus días hace hoy 41 años.

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