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5.000 kilómetros por Marruecos

Toda una aventura para repetir

Pepe y Aitor Pinedo ya están de vuelta de su segundo Panda Raid
Han recorrido 5.000 kilómetros por Marruecos

Araceli Oiarzabal - Jueves, 29 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Pepe y Aitor Pinedo, durante su participación en el Panda Raid.

Pepe y Aitor Pinedo, durante su participación en el Panda Raid.

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Pepe y Aitor Pinedo, durante su participación en el Panda Raid.Pepe y Aitor Pinedo, durante su participación en el Panda Raid.

amurrio- Llegaron hace dos semanas tras meterse entre pecho y espalda nada menos que 5.000 kilómetros a bordo de un viejo Fiat Panda 4x4 en la que ha sido su segunda experiencia consecutiva en el Panda Raid de Marruecos. Y ya están con ganas de regresar. Son los vecinos de Amurrio Pepe y Aitor Pinedo que, junto al matrimonio formado por Fernando Egurbide y Elena Ruiz, emprendieron esta aventura el pasado 2 de marzo. Desde Amurrio y hasta Madrid, y una vez pasadas las verificaciones técnicas, afrontaron los primeros 480 kilómetros que incluyeron una vuelta de honor al circuito del Jarama. De allí se trasladaron al puerto de Motril donde, junto a los equipos del sur de España que iban a tomar parte en este rally clásico, embarcaron al día siguiente en el ferry que les transportó al puerto de Nador.

Una vez en Marruecos, un enlace por carretera llevó a los 700 participantes (dos por vehículo) al primer campamento en el Lago Mohammed V, de donde a la mañana siguiente iba a arrancar la considerada primera etapa del Panda Raid 2018. Era un laberinto de pistas con numerosos cruces y cambios de dirección que, tras 400 kilómetros contrarreloj para que no caiga la noche, culminaron en Bni Tadjite a 1.250 metros de altura.

“Para que luego digan que en Marruecos no hace frío y por partida doble, además, porque una piedra nos fastidió la palanca de cambios en pleno desierto y las horas que nos llevó reparar la avería, en esta primera etapa, hizo que llegásemos de noche cerrada y con un retraso considerable que no logramos remontar en toda la carrera. De ahí que en la meta en Marrakech, el 10 de marzo, obtuviéramos la posición 120, pero llegamos que era el objetivo y con ganas de tripitir”, aseguran.

Ésta no ha sido la única avería a la que este padre e hijo, de 65 y 35 años de edad, se han tenido que enfrentar en la décima edición del Panda Raid. “El itinerario estaba lleno de piedras y, en una de las últimas etapas, se nos rompió el tubo de escape que atamos como pudimos con unas bridas. Volvimos a Amurrio metiendo un ruido que no veas, pero ya digo que para repetir, es una aventura que no se puede explicar con palabras. No se por qué pero engancha. En otros rallys suelen dormir en hoteles, pero aquí en tiendas de campaña y caías en el saco cada noche como un ceporro, rendido, pero súper contentos. Tenemos todo el año para que mi hijo pida permiso en el trabajo y yo a la señora, porque la intención es volver”, explica entre carcajadas el mayor de los Pinedo.

Éste también subraya que el ambiente, la comida y la organización “son perfectas”, y quita hierro a las averías sufridas en ruta. “Llevo toda la vida chapuceando en motos y coches, y los permitidos en este rally llevan motores muy sencillos a los que se les puede meter mano con cuatro pijadillas básicas que controles de mecánica. ¡No como los de ahora!”, exclama, orgulloso además de que sus compañeros Fernando y Elena, con su viejo Seat Marbella, hayan llegado los 18 en 4x2, y que haya sido un equipo de Vitoria-Gasteiz, con quienes estaban en contacto, los que hayan quedado en primera posición en 4x4.

En su aventura también han coincidido con otros dos equipos de Llodio, pero con lo que se quedan -además de las amistades hechas- es “con los cambios de naturaleza impresionantes que ves”. Desierto, arena y dunas gigantescas como las de El Erg Chebbi o Merzouga, rutas que no aparecen en los mapas para llegar a poblados abandonados, los estudios de cine de Ouarzazate u oasis como el de Zguilma, vergeles a las puertas del Sáhara como el Valle del Draa, puertos de alta montaña como el Col de Tichka, a 2.260 metros, “con sus innumerables curvas, y de lagos y ríos, supuestamente secos (oueds), pero que sí llueve hay que ingeniárselas para cruzar, y todo con la única ayuda del road book con indicaciones básicas que te dan al inicio de cada etapa y que hay que seguir con la brújula, para llegar a cada punto de control”, subrayan.

lado solidario Con todo, lo que más les ha llenado de esta experiencia es su lado solidario. “Otros años se pedía a cada equipo que llevara 25 kilos de material escolar que luego se entregaban en ruta a una ONG que lleva a cabo labores de educación y mejoras en la calidad de vida de los niños de las poblaciones más rurales de Marruecos, y también se destinaba parte de la inscripción a colaborar en la construcción de escuelas bioclimáticas, pero este año han optado por otro proyecto medioambiental, aunque nosotros también hemos entregado al profesor de una escuela que hemos encontrado por el camino productos de higiene básica, bolígrafos y cuadernos. Es increíble la sensación que te queda al ver la sonrisa de esos niños, es cuando te das cuenta de lo bien que vivimos aquí y todo lo que necesitan allí, y la parte más bonita de este rally de larga distancia y resistencia sin la cual perdería toda su esencia”, aseguran.

Y es que el Panda Raid es una carrera en perfecta simbiosis entre competición, espíritu aventurero y solidaridad, y en esta décima edición, ha vuelto a recorrer Marruecos de punta a punta pero sin perder de vista el entorno en el que se disputa y su compromiso con su huella ecológica. De hecho, la organización, junto a la Fundación GoodPlanet, estimará las emisiones de CO2 producidas en la carrera -teniendo en cuenta los 350 equipos participantes, la cilindrada de los coches y los kilómetros a recorrer- y el dinero equivalente se destinará a fomentar el desarrollo y profesionalización del sector apícola sostenible del sur de Marruecos, concretamente beneficiando a los pueblos de Azrarag y Ait Baha Oubaha. Un proyecto que preservará la biodiversidad del bosque de Mesguina (cerca de Agadir) y el mantenimiento de sus ecosistemas, al mismo tiempo que fortalecerá los beneficios económicos y sociales de la población local.

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