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Con la venia

Maldita desmemoria

Por Pablo Muñoz - Domingo, 25 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

a veces da la impresión de que la vida se detiene, de que la noria del tiempo siempre vuelve al punto de partida. Esta sensación suele percibirse cuando en el presente se repiten acontecimientos referidos al pasado, tal como está ocurriendo estos días en los que vuelve a centrarse la atención en debates que no acaban de ser ni resueltos ni superados.

Se detiene el tiempo, y más que se detendrá, a medida de van saliendo de las cárceles personas que por su pertenencia o vinculación con ETA pasaron décadas en ellas. Paisanos y paisanas que vuelven a sus pueblos cumplidas sus condenas y soportados de largo los rigores del aislamiento y la dispersión. Recibidos por sus familiares y amigos con gozo y reconocidos por un sector de la sociedad como héroes, se les tributa un recibimiento con honores de homenaje. No es nuevo, son situaciones que vienen repitiéndose desde hace mucho tiempo pero que quizá ahora son más frecuentes por la sencilla razón de que es más reiterada la extinción de sus condenas. Por supuesto, quienes pretenden organizar estos honores para cerrar filas y cohesionar internamente a sus bases, lo hacen desde un perverso ejercicio de desmemoria al pasar por alto cuál fue el motivo por el que el homenajeado u homenajeada pasó tan largos años de cárcel, festejando su libertad como si nada hubiera ocurrido, como si la persona objeto del agasajo tuviera el mérito de ser considerada en la categoría de los insignes.

Maldita desmemoria, también, la de quienes se colocan frente a los aurreskus de homenaje con sus pancartas y retratos de víctimas, como se colocaban a gritos los de siempre frente a los concentrados en la Paloma de la Paz de Donostia a convocatoria de Gesto para denunciar hechos violentos. Aquellas concentraciones en las que se prodigaban insultos y amenazas y que con frecuencia terminaban en batalla campal. Maldita desmemoria, que a la mínima se convierte en provocación y patrimonio de las víctimas como si no hubiera ocurrido nada, como si ETA continuase a sangre y fuego, como si no se percibiese ningún cambio, sea táctico o no, entre quienes apoyaron la violencia y ahora no la aceptan por inadmisible o por no rentable, como si no estuvieran en el ánimo evidente de pasar página.

Parecen empeñados en volver al punto de partida los que actúan a piñón fijo, los que gustan del sobresalto y la zozobra social ordenando todavía redadas al amanecer como si el tiempo se hubiera detenido, como si se hubiera desvanecido la memoria de los calabozos de Intxaurrondo como referencia del terror.

Maldita desmemoria que niega por sistema, o por interés, que 4.113 personas padecieron en dependencias policiales tortura y malos tratos en Euskadi entre 1960 y 2004 según el informe presentado por el forense Francisco Etxeberia y la criminóloga Laura Pego. Un informe que no pudo menos que elogiar la representante del PP en el Parlamento Juana Bengoetxea, desautorizada casi inmediatamente por su secretaria general, Amaya Fernández. Nada, que no vale, que ese informe es “una ignominia”. Una miserable declaración que la máxima dirigente del PP vasco sería incapaz de berrear mirando a la cara a Paco Etxeberria y su severa figura de forense acreditado y solvente. Tampoco el PP está dispuesto a pasar página.

Maldita desmemoria la de los tres partidos que rechazan modificar la Ley de Amnistía de 1977 que abría la puerta a que pudieran ser juzgados los crímenes del franquismo. Se han olvidado PP y PSOE -Ciudadanos es el PP, pero de una generación posterior- de que aquella Ley fue un indulto general a los responsables de crímenes contra la humanidad, un perdón absoluto concedido bajo el pánico al ruido de sables. Se les ha ido la memoria a los que entre las prisas y el miedo decidieron mirar para otro lado para participar cuanto antes en el juego, sin tener en cuenta que el pasado siempre vuelve. Y si, al menos por herencia y patrimonio ideológico, se puede entender que la derecha española insista en indultar a los responsables de los horrores represivos del franquismo, no tiene ninguna explicación lógica que el PSOE haya perdido de tal manera la memoria que reincida en el indulto de los responsables históricos de los crímenes cometidos contra sus padres y abuelos.

Cada quién aferrado a su relato, prisionero de él, se obstina en proteger su amnesia selectiva. Ni el franquismo fue un régimen sanguinario, ni es cierto ese cuento de la tortura y los malos tratos, ni los homenajeados cumplieron condena por haber practicado la violencia y sembrado el terror, ni los violentos han decidido renunciar a seguir agrediendo, ni existe el afán de venganza en colectivos de apoyo a las víctimas. De repente, aquí nadie se acuerda de nada. Aferrados al pasado, se nos ha olvidado lo mal que nos fue y el profundo deterioro de nuestra convivencia. Y así no avanzamos.

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