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Un siglo con el telón levantado

Escenario para miles de momentos, emociones y reflexiones, el Principal cumplirá el próximo 18 de diciembre cien años de vida, tiempo en el que el proyecto que nació con el nombre de Nuevo Teatro ha pasado lo suyo.

Un reportaje de Carlos González - Domingo, 25 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Un momento de las obras a lo largo de 1917.La fotografía pertenece a los fondos de Enrique Guinea que guarda el Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz Pilar Aróstegui.

Un momento de las obras a lo largo de 1917.La fotografía pertenece a los fondos de Enrique Guinea que guarda el Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz Pilar Aróstegui.

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Un momento de las obras a lo largo de 1917.La fotografía pertenece a los fondos de Enrique Guinea que guarda el Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz Pilar Aróstegui.El patio de butacas en 1920.La fotografía pertenece a los fondos de Enrique Guinea que guarda el Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz Pilar Aróstegui.La compañía Garnieri-Marchetti el día de la inauguración, el 18 de diciembre de 1918.La fotografía pertenece a los fondos de Enrique Guinea que guarda el Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz Pilar Aróstegui.El bar del Principal.La fotografía pertenece a los fondos de Enrique Guinea que guarda el Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz Pilar Aróstegui.
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Era Electra Vitoriana la que ocupaba los 2.400 metros cuadrados sobre los que se construyó el Nuevo Teatro de Vitoria. Desde aquel 18 de diciembre de 1918 en el que se produjo la inauguración oficial (con la compañía Garnieri-Marchetti presentando La corte de Napoleón), las paredes del Teatro Principal (denominación que tiene desde 1951) han visto casi de todo, también gracias a la gran pantalla (en 1919, se proyectó la primera película, Tosca). Durante este siglo que está a punto de cumplirse, el edificio ha tenido tres grandes dueños, ha vivido varias reformas (de mayor y menor calado) y ha pasado por momentos muy duros (como el cierre a finales de los años 20 y su truncada venta a la Compañía de Jesús para convertirse en una iglesia) y otros más agradables.

En realidad, Gasteiz ya contaba con un Teatro Principal levantado en el siglo XIX, que fue pasto de las llamas el 12 de agosto de 1914. Su destrucción dejó a la capital alavesa sin un lugar bien acondicionado para acoger espectáculos importantes, como bien recoge Juan Carlos Centeno en su libro Los teatros y cines de Vitoria. Arquitectura para el espectáculo. Aquel desgraciado suceso movió a la sociedad alavesa a impulsar varios proyectos con el objetivo de levantar otro coliseo, esta vez en la calle San Prudencio. Unos, como el llevado a cabo por Ángel Eguileta, fracasaron al dar casi los primeros pasos. El que al final consiguió su objetivo fue el impulsado por la Sociedad Nuevo Teatro en Vitoria, constituida en el Círculo Vitoriano y que consiguió reunir, gracias a la aportación popular, 385.000 pesetas para levantar esta infraestructura. Eso sí, en su realización no influyó sólo la cuestión monetaria, sino también la implicación desinteresada del arquitecto Cesáreo Iradier.

El primer boceto de este inmueble situaba su aforo en 1.500 localidades. En realidad, al final se inauguró con 1.345 butacas ya que a lo largo de la construcción se realizaron determinadas modificaciones sobre los planes iniciales. Iradier plasmó en esta aventura todos sus conocimientos e influencias madrileñas de la época. Planeó un teatro a la italiana siguiendo la estructura clásica: limpio, sobrio, con una acústica excelente y una magnífica distribución de espacios. Ricardo Uralde y Salustiano Mendía se encargaron de la construcción, llevando a cabo durante el proceso determinados cambios y mejoras, completando un edificio mejor incluso del previsto (fue uno de los primeros en la capital alavesa en los que se utilizó un elemento relativamente nuevo: el hormigón armado). El 11 de diciembre de 1918, la Junta de Espectáculos dio su visto bueno al complejo, como recogía el periódico La Libertad, y ese mismo día la Banda Municipal de Música ofreció un pequeño concierto para comprobar la acústica del lugar, “ofreciendo un magnífico resultado”, como plasmó El Heraldo Alavés. El día 18 llegó el gran momento de la apertura oficial y comenzó una historia que llega hasta hoy.

La década de los años 20 supuso la apertura de otros espacios, como el Teatro Príncipe, el Ideal Cinema y el Salón General, que conllevaron una alta competencia para el Nuevo Teatro. Fue una de las causas por las que la sociedad, que hasta entonces había levantado y dirigido el inmueble, decidió venderlo en 1928. Los primeros compradores fueron los jesuitas, pero sus planes de levantar una iglesia y una casa para sacerdotes nunca vieron la luz. El escenario estuvo cerrado casi tres años, hasta que Vitoriana de Espectáculos lo adquirió, lo reformó (perdiendo unas 50 localidades) y lo volvió abrir el 7 de noviembre de 1931. Entre las novedades que se incluyeron se encontraba una nueva cabina para la proyección de cine, actividad central durante muchos años del teatro. Eso sí, el emplazamiento no viviría muchos años de estabilidad, en lo que a su aspecto se refiere. A finales de la década de los años 40 se levantó a su lado el Gran Cinema Vesa, lo que implicó más mejoras y cambios. La última reforma de calado fue la apertura del Iris Salón, una pequeña sala para cine de arte y ensayo construida en 1975.

El final de los 70 y los años 80 marcaron el declive de este escenario. El Festival Internacional de Teatro y otras actividades impulsadas desde las instituciones fundamentaron una programación de la que la iniciativa privada se desentendió. El estado del inmueble fue a peor y ya en 1987 se encargó a Antón Yeregui un estudio para llevar a cabo una restauración de importancia. Es curioso observar que en ese momento se entendió que el escenario se había quedado pequeño para cierto tipo de espectáculos y se planteó la ampliación de las tablas, eliminando los palcos y las plateas del proscenio. Sin embargo, esto no se llevó a cabo. Lo cierto es que en 1990, el Ayuntamiento de Vitoria, la Diputación Foral de Álava y el Gobierno Vasco compraron a VESA el Principal por unos 250 millones de pesetas y, bajo la dirección técnica de Carlos Sergnese, acometieron una amplia reforma técnica y estética, dejando el aforo en menos de 1.000 butacas. Las instituciones abrieron un proceso, además, para elegir un director del espacio que acabó en fracaso. La reapertura al público tuvo lugar el 15 de junio de 1992.

Desde entonces, el Principal ha seguido su camino sin excesivos problemas, viendo pasar además dos proyectos de auditorio que se han quedado en el cajón. Ahora, eso sí, está a la espera de que se concrete el estudio para su futura reforma, un proceso que habrá que ver cómo, cuándo y con qué financiación se concreta. De momento, desde este fin de semana está abriendo el programa de su centenario.

Ayer se iluminó su fachada con cien lámparas y se acogió el estreno de la nueva compañía alavesa de danza contemporánea Anezka. Fue sólo el principio de una programación que se extenderá en los próximos meses y que tendrá sus actos centrales en diciembre. En concreto, el 13 se producirá una tertulia en la que se analizará el contexto social y cultural en el que se inauguró el teatro. Al día siguiente, se estrenará Cienycienta, un espectáculo que rememorará la puesta en escena de las obras de la época de la mano de artistas locales, con la dirección de Mikel Gómez de Segura. En las jornadas del 15 y 16 se propondrá un juego para recorrer los diferentes lugares del inmueble. El 17 se producirá un concierto con músicos alaveses y el 18 llegará el broche de la mano de Lola Herrera y su recuperación de Cinco horas con Mario.

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