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El legado del montañismo vasco encuentra refugio

Donostia se perfila como sede del museo que impulsa la Fundación Emmoa y que mostrará un patrimonio centenario

Un reportaje de Juanma Molinero. Fotografía Ainara Garcia - Domingo, 25 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Una mujer observa el material que utilizaron los montañeros de la expedición Tximist y que se expuso en 2015 en la muestra "Mendia"en el Museo de San Telmo

Una mujer observa el material que utilizaron los montañeros de la expedición Tximist y que se expuso en 2015 en la muestra "Mendia"en el Museo de San Telmo

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Una mujer observa el material que utilizaron los montañeros de la expedición Tximist y que se expuso en 2015 en la muestra "Mendia"en el Museo de San Telmo

el montañismo vasco ha encontrado en Donostia un refugio que acoja el escaparate en el que mostrar su legado. La Fundación Museo Vasco de la Montaña-Euskal Mendizaletasunaren Museoa Fundazioa (EMMOA) mantiene conversaciones bien encaminadas con el Ayuntamiento para que la capital guipuzcoana albergue la sede en la que en el futuro se exhibirá el amplio patrimonio acumulado por el montañismo de Euskal Herria en sus más de 100 años de historia.

El museo del montañismo vasco hace camino poco a poco después de que hace ahora dos años un grupo de entusiastas y veteranos montañeros presentara en sociedad EMMOA. La Fundación nació con el propósito de reunir documentos, fotos y todo tipo de material relacionado con el alpinismo vasco para tratar a medio o largo plazo de mostrar esos fondos en un centro abierto al público. Un buen muestrario del patrimonio del montañismo vasco se pudo apreciar en la exposición Mendiaque se celebró en febrero de 2015 en el Museo de San Telmo. La muestra fue impulsada por el Club Vasco de Camping y estaba basada en el trabajo Historia testimonial del montañismo vasco, de Antxon Iturriza. Aquella exposición, sin embargo, no fue más que un botón de muestra de la valiosa herencia que guarda el montañismo por estas tierras. Se pudieron apreciar entonces símbolos como la ikurriña que Martin Zabaleta ondeó en el Everest, ropa de la expedición Tximist, mochilas, brújulas, piolets, botas y un largo etcétera.

La exitosa exposición de San Telmo (acudieron cerca de 15.000 personas) fue un primer paso al que se unió el nacimiento de EMMOA. La Fundación ha seguido trabajando estos dos años en dos vías: tratar de encontrar un lugar en el que exhibir de forma permanente y de cara al público todo ese legado, y recibir todo el material con valor histórico que donan los amantes del montañismo para conservarlo de la mejor de las maneras.

La labor ha sido fructífera. Por una parte, las conversaciones con las instituciones están en marcha. Fuentes del Ayuntamiento de Donostia aseguran que la institución apuesta por el proyecto y que incluso baraja que el futuro museo (ahora en estado embrionario) se ubique en el remodelado estadio de Anoeta.

El remodelado estadio de Anoeta es una de las ubicaciones que el Ayuntamiento baraja como sede del futuro museo

Al tiempo que estrecha lazos con las instituciones, EMMOA ha ido recopilando material de aquí y allá.

las botas de oiarzabalA día de hoy cuenta con tesoros como el forro polar que ha donado Juanjo San Sebastián. No es una chaqueta cualquiera, es la que el bilbaino utilizó en la dramática bajada de la cima del K-2 con el malogrado Atxo Apellaniz en 1994. EMMOA ha recibido también el crampón que el fallecido Alberto Zerain usó en el G-I y que le salvó la vida, ya que perdió el otro en el ataque a la cima, o las botas que calzó Juanito Oiarzabal en el descenso del K-2 en el que sufrió congelaciones. Iturriza, uno de los impulsores de EMMOA, destaca también otros objetos menos mediáticos pero de un gran valor como las clavijas de hierro que se forjaban en la fábrica de Patricio Echeverría y que usaban los escaladores, y las botas de clavos, jerseys y crampones de época.

EMMOA también ha recibido el archivo fotográfico de Antxon Bandrés, integrado por más de 1.000 imágenes que explican la primera parte de la historia del montañismo vasco hasta la llegada de la Guerra Civil.

La Fundación cuenta con una biblioteca con más de 6.000 títulos que están sin catalogar, 572 títulos donados por la editorial Sua, una colección de 120 brújulas o la serie de cartas japonesas que se encontró en 1979 en la cima del Dhaulagiri la primera expedición navarra que ascendió a un ochomil.

Buena parte de ese legado que EMMOA quiere mostrar se encuentra hoy disperso. Por ejemplo, hay libros en Gasteiz, objetos de valor en el Museo Vasco de Bilbao y numeroso material se conserva en la sede de Aranzadi, que se implicó en el proyecto desde el primer minuto. El Gobierno Vasco también apoya la iniciativa, mientras que los promotores de EMMOA confían en involucrar también a la Diputación de Gipuzkoa, que de momento se ha hecho cargo de la custodia de los objetos más sensibles como los originales de fotos o la ropa.

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etiquetas: montañismo, euskadi

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