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Iñigo Kalderon Jugador del Chennaiyin FC y campeón de la Superliga india

“En India el fútbol es una fiesta, una vía de escape a una realidad dura, como el circo de los romanos”

El lateral derecho vitoriano acaba de regresar a casa tras ganar la Superliga india y ser uno de los más destacados, además de vivir una experiencia vital diferente

Borja Mallo Jorge Muñoz - Domingo, 25 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Iñigo Kalderon

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Iñigo Kalderon

Vitoria- Ganó la Superliga en India el sábado, lo celebró con sus compañeros el domingo y el lunes ya estaba de vuelta en Vitoria. Seis meses lejos de su familia se le han hecho muy largos a Iñigo Kalderon, que ha vivido una experiencia vital diferente que ya no esperaba protagonizar. Una oportunidad que le llegó de rebote, cuando ya solo pensaba en seguir jugando por divertirse. Ha disfrutado en una competición emergente, se ha quitado la espina de ganar un play off y ha conocido una cultura totalmente diferente, tanto en la vida como en la manera de seguir el fútbol.

Por fin de vuelta a casa.

-El final hace que parezca todo mucho mejor y más bonito, pero en general puedo decir que ha sido una buena experiencia. Cuando fui buscaba algo diferente a todo lo que había vivido y así ha sido. Sabía que iba a ser difícil estar tan lejos de la familia, pero conseguir el título, haber jugado todos los partidos y disfrutar del fútbol después de la mala experiencia de Chipre lo compensa en parte. He conocido un país y una cultura distintas, así que la experiencia ha sido positiva.

¿Cómo surgió esta opción?

-Casi de milagro. Estaba a punto de firmar con un equipo aquí cerca de Vitoria más por seguir matando el gusanillo que por otra cosa y me llamó un representante que iba a meter allí un jugador y me preguntó a ver si me interesaba. Yo llevaba dos meses buscando equipo y él me encontró uno en diez minutos. Quería volver cerca de casa o algo completamente distinto, así que perfecto. A India van normalmente jugadores conocidos, pero yo no cumplía en casi nada: ya soy mayor, lateral derecho, ocupo una plaza de extranjero... Todo se hizo rápido y allí me fui de cabeza. Conocida la experiencia, no todo el mundo puede ir a la India porque es un país muy distinto y el choque cultural es importante. Hay pobreza, los malos olores, las comidas... Tienes que ir mentalizado, yo soy muy abierto y me gusta conocer mundo, así que la experiencia ha sido muy positiva.

¿Qué se encontró a su llegada?

-Lo primero, mucho tráfico. Pero ya desde el avión, que desde Dubai a Chennai parecía que íbamos en el metro a las ocho de la mañana: apretados y con la gente echándosete encima. Tienen déficit de educación, pero porque para ellos es normal y nadie se lo ha enseñado, aunque a ti te choca vivirlo. Lo bueno es que iba con la mente muy abierta y nada me ha influido negativamente. He aprendido mucho de todo.

Y en el fútbol, ¿cómo es?

-Están creciendo mucho, pero hay carencias de base. Al final, es un tema de horas. Aquí los niños pueden jugar a fútbol en cualquier lado, en la calle o en el patio del colegio. Allí no hay sitio: ni campos, ni instalaciones deportivas adecuadas, ni los colegios están preparados. No es que sean peores, es que tienen déficit de horas de entrenamiento. Poco a poco irán mejorando, aunque tampoco ven la infraestructura como algo necesario. Lo importante para ellos es el partido del fin de semana, que es una fiesta. Se tendrán que dar cuenta de que para crecer hay que empezar desde abajo.

No es un deporte de gran tradición.

-El críquet es el deporte más importante, menos en las zonas de influencia portuguesa. Allí los campos estaban llenos desde dos horas antes del partido. Dentro del propio país hay muchas diferencias culturales, pero, como otros aspectos, el fútbol también es distinto. Por ejemplo, en el cine les gusta mucho colorido, la música ruidosa y el fútbol es una fiesta que se toman como una vía de escape de una realidad dura. Si ganas, pues bien, pero si se lo han pasado bien en el partido se van contentos. Es parecido a lo que ocurría con el circo de los antiguos romanos. Son dos horas de felicidad.

¿Cómo era su día a día?

-Muy monótono. Vivíamos todos juntos en un hotel durante cinco meses y entrenábamos por las tardes. Por las mañanas intentaba estudiar, leer, he estado trabajando para el Brighton... Era una lucha constante contra el aburrimiento y no te podías dejar ir porque allí no hay muchas cosas que hacer. Por las tardes teníamos los entrenamientos, que en autobús podíamos tardar o quince minutos o dos horas. Y con mucho calor. Y, después, a ducharte al hotel porque en las instalaciones no se podía. Comer, descansar y entrenar, poco más.

La comida india es peculiar, ¿cómo casa con la dieta que requiere un deportista?

-Todo es muy picante, lo que pasa es que a mí me encanta. Antes de ir ya estuve aquí yendo a restaurantes indios para hacerme un poco a lo que me iba a encontrar. Me gusta el picante y probar cosas nuevas, así que estaba en mi salsa. Y, precisamente, pronto me di cuenta de que las salsas eran el principal problema porque hay un montón. La mayoría son vegetarianos, pero están gordos, así que te das cuenta de que hay algo que no cuadra. Comen con las manos y un pan que utilizan para ayudarse y al final no hacen más que meterse salsa al cuerpo y eso no puede ser. Después de un mes que probaba de todo me di cuenta de que eso no podía ser y que había que cuidarse.

¿Cómo son los estadios?

-Espectaculares. Yo he jugado en mejores estadios en la India que en Inglaterra. De los diez equipos que había, quitando uno el resto estaban muy bien. Campos de 70.000 u 80.000 personas muy bien preparados y que se llenaban casi siempre. Lo que es el campo el domingo es espectacular, el problema es el día a día que no lo ven tan importante. Lo que sale en televisión es el partido y es a lo que le dan importancia. Hay un seguimiento mediático increíble. La final del año pasado la vieron doscientos millones de personas, aunque con que se pongan dos personas de cada familia ya tienes esa audiencia. En ese sentido, es una gozada.

¿Y el nivel de la competición?

-Los extranjeros podrían ser de Segunda División, pero los indios en Tercera y... Hay algunos que sí, que pasan de la media y podrían ser el equivalente a un europeo, pero en general tienen un déficit técnico y físico. Pero al final todos los equipos teníamos las mismas normas, con seis locales y cinco extranjeros y había que encontrar el equilibrio. Para mí ha sido un aliciente ayudar a los compañeros, que era un papel que teníamos los de fuera para que los indios mejorasen. Al principio me daba corte dar consejos a la gente ni que yo fuese Beckenbauer, pero te escuchaban, te respetaban y te tomaban en serio, lo que para mí es un halago.

¿Que tal la convivencia?

-Son muy buena gente, muy humilde y que quiere aprender. Te tratan con respeto, pero son muy graciosos. Entre ellos también hay grandes diferencias porque el país es enorme y entre ellos también hacen grupos. Si aquí ya las hay entre el norte y el sur, imagina allí. Al final, aprendes de todo. Y yo preguntaba mucho, por ejemplo de las religiones. A nuestro portero le habían puesto la novia, una cosa que aquí es impensable pero que pasa allí en zonas rurales. Yo no iba solo a jugar, sino a aprender de todo. La experiencia ha sido enriquecedora en lo personal. Y en lo futbolístico, mucho mejor. Si hasta he metido goles, aunque ni sé cómo. Hemos hecho un temporadón y ganando el título. El único pero es estar tan lejos de casa. Mi mujer se merece una copa más que yo por todo el trabajo que ha hecho aquí con los niños.

Dentro de su experiencia profesional, ¿dónde sitúa esta etapa?

-Cuando acabó la final, más que alegría sentí alivio. Nunca había ganado un play off porque en Inglaterra subí porque quedamos primeros. En Alicante jugué tres play off y subieron cuando me fui y con el Brighton me pasó lo mismo. Ya pensaba que el gafe era yo. Tenía la espina clavada hasta dentro. Fue el alivio de no cagarla otra vez.

Le han reconocido como el jugador más en forma.

-Cuando fui no pensaba que iba a tener una gran repercusión porque mi idea era jugar un año y ya está, pero ahora ya me están llamando para volver. El trofeo al que más corre en toda la temporada, con 36 años es para estar orgulloso. Me gustaría dedicarle esa distinción a todos los jugadores de más de treinta años que se dejan los cuernos cada año para ganarse un contrato cuando la edad ya se mira mucho.

¿Y ahora?

-Pues llevaba tiempo ya pensando en volver a casa, pero... Me decía el suegro el otro día a ver si me salía algo en Australia y no me importaría, ya puestos. Creo que la decisión está entre seguir en la India o dejarlo ya y empezar a entrenar, que es algo en lo que ya llevo tiempo pensando. Hay que pensarlo con la familia, porque no es fácil. No sé si compensa la buena experiencia, porque además ha ido todo bien y no quiero imaginarme en el caso de tener una lesión o no jugar, con estar lejos de casa.

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