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Rafa Diez Usabiaga responsable de orientación de Sortu y Exsecretario de LAB

“La izquierda abertzale está dispuesta a dar estabilidad política al país para ponerlo rumbo al marco de la soberanía”

Rafa Diez Usabiaga (Urnieta, 1956) afila la mirada al analizar una sociedad vasca a la que llama a despertar e ir de la mano de la catalana con una estrategia europea.

Una entrevista de Carlos Etxeberri/Jurdan Arretxe. Fotografía Ruben Plaza - Domingo, 18 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Rafa Diez Usabiaga.

Rafa Diez Usabiaga. (Ruben Plaza)

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Rafa Diez Usabiaga.Rafa Diez UsabiagaRafa Diez Usabiaga.

Rafa Diez Usabiaga (Urnieta, 1956) afila la mirada al analizar una sociedad vasca a la que llama a despertar 

donostia – Ayer se cumplieron siete meses desde que salió de prisión. ¿Qué sociedad se ha encontrado?

—Una sociedad bastante distensionada en términos políticos. Me da la impresión de que la ola conservadora y neoliberal que se ha extendido a nivel global están teniendo efectos en los comportamientos sociales. Esa ola conservadora, con la competitividad, la estabilidad, el consumo y el crecimiento como mantras de culto político y económico, ha hecho perder perspectiva al país a la hora de responder dónde estamos y a dónde vamos como proceso político.

¿Esa ‘despolitización’, contradictoria en una sociedad que ha estado tan politizada, es generacional?

—Tenemos un grave problema de liderazgo político en esta sociedad, faltan tractores políticos que tiren de la sociedad hacia un horizonte colectivo como país. Si falta ese liderazgo, la tendencia es al estancamiento. Cuando se ha producido la descompresión social ante la nueva etapa tras el fin de la actividad armada de ETA, se da una falta de liderazgo colectivo para pasar de una estación autonómica a un marco de soberanía que demandamos desde muchos ámbitos políticos, sindicales y sociales. 

¿Es una sociedad ‘zombie’?

—No ha habido un gobierno en términos políticos, aunque sí desde el ámbito de gestión institucional. Desde este ámbito –y la responsabilidad del PNV es importante–, se han introducido unos ansiolíticos para dejar a la sociedad en cierto nivel de adormecimiento.

¿Qué autocrítica deben hacer los partidos y los sindicatos?

–Hoy es evidente la mayoría a favor del derecho a decidir, el unionismo es la cuarta y quinta fuerza política, el sindicalismo abertzale tiene una posición mucho más consistente… Pero, la pregunta, con cambio de contexto en Euskal Herria con la desaparición de la violencia, es:¿qué hemos hecho estos años para que el tren del proceso siga sin moverse? Eso nos lleva a la autocrítica a todo el espectro político. 

¿A la izquierda abertzale?

—Puede hablar de un grado de responsabilidad ante la dificultad de responder a la estrategia del PP de secuestrar el proceso político secuestrando la situación de los presos para tener un elemento de fuerza en el tête à tête con Euskal Herria, un tema que afectaba al corazón del proceso político. La izquierda abertzale tardó en adaptarse. Creímos que podía desarrollarse un proceso de paz clásico, donde todas las partes entraran a todas las consecuencias del conflicto. Esto no se da y en la izquierda aber-tzale se genera cierto desconcierto.

¿Cómo valora el papel del PNV?

—Tiene una responsabilidad fundamental. En un contexto positivo en la correlación de fuerzas favorables al derecho a decidir, se produce una doble involución. Por un lado, sobre lo que significaba el Plan Ibarretxe como referencia a la hora de continuar un proceso de cambio político;y por otro lado, se desarrolla un nivel de alianzas con fuerzas unionistas cuando más débil está el Estado en cuanto al modelo territorial, con la crisis de Catalunya abierta e intentando evitar contaminación del procés. 

Sin embargo, este PNVrecibe un amplio respaldo en las urnas.

—Diferenciaría la evolución de los partidos en cuanto a representación y peso, donde el PNV tiene una mayoría importante consolidando su posición a costa de unas políticas que generan la atracción de determinados caladeros sociales, y la situación del país. Esto último no se puede analizar solo en términos partidarios.

¿En cuáles propone?

—En los últimos cinco o seis años se produce el cambio del mapa institucional en la CAVy en Nafarroa: hay una mayoría teóricamente favorable al cambio del marco de soberanía, pero esa mayoría no está operativa. Jugando a cortoplacismos que me parecen muy peligrosos, la interlocución política como país ante el Estado se ha debilitado. Llega el momento de terminar con cierto egocentrismo político a la hora de valorar cómo estamos y de que cada uno valore la situación no según cómo le va. Tenemos que abordar nuestra posición política más en clave de articular una mayoría de cambio, en cómo poner el país en marcha y sacar el tren del proceso de la estación autonómica. Si nos conformamos con análisis focalizados en mi evolución político-partidaria, y en estrategias cortoplacistas, es posible que como país hagamos un gran fraude colectivo.

¿Cómo ha visto al sindicalismo?

—Tendría que valorar qué pasa después de una fase de respuesta a la crisis económica, con cinco o seis convocatorias de huelga general, y otra fase de retroceso en la que da impresión de cierta de desaparición del país. Con independencia de esto, vuelvo a las preguntas de fondo: es imprescindible hacer un diagnóstico del país, del Estado y sacar el tren hacia el marco de soberanía.

¿Mantiene la idea de un Txiberta II? 

—En los últimos meses han pasado cosas importantes para situar con mayor objetividad ese Txiberta II. El choque del procés con el Estado y el 155, con lo que conlleva, nos lleva a una reflexión: el Estado no plantea el 155 como terapia exclusiva para Catalunya. Si el 23-F provocó la Loapa, el 155 provoca una auténtica Loapa global al modelo territorial. El Estado, y hablo del Estado no solo como poderes políticos, ha decidido que el modelo vigente ha llegado demasiado lejos, que hay que acabar con los procesos cíclicos con los que el soberanismo cuestiona el actual modelo constitucional. El Estado pone sus peones en marcha, desde el Ibex 35 al ámbito mediático, fortaleciendo un espíritu emocional en el nacionalismo español que provoca corrimientos sociales importantes que garantizan a esos poderes una mayoría política de derecha o ultraderecha para poner en marcha esa reforma-contrarreforma. 

¿Cuál es la respuesta?

—Desde el soberanismo no podemos verlo como una película que se desarrolla en el Estado o Catalunya, y no nos influye. Hay que hacer una reflexión de fondo: de dónde y cómo viene el Estado. Estamos ante una encrucijada histórica muy similar a la preconstitucional, de ahí ese Txiberta II. El movimiento abertzale y los sectores democráticos de este país pueden articular no solo la defensa de lo que tenemos sino una propuesta referente para el proceso a la soberanía. Nos jugamos mucho. El movimiento abertzale tiene que situar un mojón político claro como referencia para la sociedad, que signifique una sacudida colectiva, con músculo social capaz de incentivar un debate político de fondo, no solo la gestión diaria. 

¿Ve condiciones?

—Sí, en la medida en que hay mayorías que pueden llevarnos a compromisos de carácter histórico. Apelamos a que seamos en esta coyuntura capaces de activarnos como país y como nación, poniendo mojones políticos que respondan a un consenso de que la fase autonómica está agotada, que hay que ir a un nuevo modelo de relaciones con el Estado desde la CAV y Nafarroa basado en cuatro elementos:el reconocimiento nacional, en el derecho a decidir, en otro fondo de poder y un sistema de garantías de bilateralidad efectiva. No podemos tener un árbitro como el Constitucional, que se convierta en juez de parte.

¿Ha llegado el ‘procés’ tarde a Europa?

—El proceso catalán ha sido ejemplar en muchas cosas, como la simbiosis social-institucional. Ha intentado llevar a Europa lo legítimo y democrático de lo que hacía teniendo en cuenta la posición cerrada a negociar del Estado, pero cuando el proceso catalán ha llegado al tope, la Europa de los Estados ha dado un primer apoyo claro a Rajoy, dejando al movimiento independentista en una situación de desprotección política. Las cosas pueden ser muy diferentes, con independencia de la autonomía y la madurez de cada proceso, si tanto desde el País Vasco como desde Catalunya se hubiera planteado de manera coordinada una reformulación del modelo de Estado en clave de reconocimiento nacional, confederal, que se hubiera podido plantear como solución democrática en Europa.

¿Ve posible que, como pasó en Catalunya, desde abajo se obligue a las formaciones políticas?

—La actividad de Gure Esku Dago y el plan que tiene articulado pueden ser un acicate importante para que la sociedad sitúe en su agenda el ámbito político. Es hora de que la sociedad civil sea capaz de incidir e influir en los partidos. Estos meses que llevo en libertad, con un nivel de relaciones muy amplio y plural, percibo un interés importante y convicciones sólidas: esta sociedad y sus líderes deben ponerse en marcha en una dirección.  

¿Veremos consolidar los principios de los que habla en la Ponencia de Autogobierno de Gasteiz?

—Debería. La voluntad de EH Bildu es articularlo con bases sólidas en lo institucional y en lo social. Se ha querido contraponer la unilateralidad de la izquierda abertzale y la bilateralidad que plantea como cuestión central el PNV. La unilateralidad no es un capricho, sino la falta hoy de un interlocutor dispuesto a negociar lo que la mayoría de la sociedad vasca demanda. Si la sociedad tiene un proyecto mayoritario legitimado en una consulta habilitante, ¿cómo no voy a intentar la bilateralidad? Me gustaría un interlocutor en disposición de asumir la voluntad democrática de la sociedad vasca. Si no, tendré que plantear cómo, desde mi actividad institucional, social, política y de estrategia europea, condiciono a ese interlocutor. No es incompatible un grado de unilateralidad con la búsqueda de bilateralidad. Lo irreal es plantear una bilateralidad en la que al final el interlocutor tenga veto sobre la mayoría de la sociedad vasca. 

¿La consulta habilitante es fundamental en ese esquema?

—Al ir a Madrid al desarrollo posible de la bilateralidad, me parece muy importante ir en nombre del conjunto del país, de la CAV o Nafarroa. Más allá de defender la consulta como un elemento de posición política, debe plantearse como una necesidad de legitimar democráticamente lo que una mayoría institucional haya planteado. En la hipótesis de que esa mayoría tenga un proyecto, la mejor forma de iniciar la negociación es con esa legitimidad.

¿El ‘tren’ navarro hacia la soberanía debe esperar más que el de la CAV?

—No tenemos que funcionar con los mismos ritmos políticos. Entre las experiencias que tenemos, intentar uniformizar los ritmos políticos no es lo mejor para avanzar colectivamente. El cambio en Nafarroa está teniendo resultados positivos en lo que era un régimen cerrado a una parte importante de la sociedad navarra y se ha creado un contexto que tiene que consolidarse en el terreno político, social e incluso ser más ambicioso en ambos. Se demostrará que no solo responde a unas siglas, sino a las necesidades de la sociedad navarra. Sería necesario consolidar la actual mayoría para poner en marcha ese proceso hacia un nuevo estatus con elEstado. 

¿Cómo plantea ese cambio?

—Primero, la sincronización interna. Con la nueva comunidad de Iparralde, tenemos una oportunidad histórica. Echo en falta una gran cumbre de Urkullu, Etchegaray y Barkos que sitúe al país ante Europa. Tenemos que plantear iniciativas que consoliden este sujeto nacional en Europa. Segundo, la sincronización externa del eje vasco-catalán hacia el Estado;y por último, la estrategia europea. Se dan condiciones de tener esas tres referencias en nuestra proyección política y podemos poner al país en otra dirección. Para eso hace falta una reflexión en la política de alianzas.

¿Qué reflexión?

—El unionismo está en otro perfil de actuación. El PSOE está sin margen en esta contrarreforma. Desde mi punto de vista, Pedro Sánchez es un accidente en la evolución del PSOE. La posición del PSOE la definen los clásicos barones y Prisa. Es un PSOE que da soporte al 155, plantea revisar el Cupo, en algunos ámbitos cuestiona el Concierto Económico y no tiene una visión plurinacional del Estado. Si queremos abordar esta encrucijada histórica, tenemos que poner sobre la mesa la política de alianzas. 

¿En su caso?

—Si se define un plan conjunto de sincronización interna y externa mirando a Europa, la izquierda abertzale está dispuesta a asumir todas las responsabilidades para dar estabilidad política al país hacia ese marco de soberanía. Significa que el PNV tiene que hacer una apuesta clara en el diagnóstico y a dónde ir. Tendría que cambiar su política de alianzas.

¿Por qué EH Bildu no asistió al homenaje a las víctimas en Bilbao?

—EH Bildu y la izquierda abertzale han dado estos años prueba manifiesta de su compromiso con el nuevo contexto histórico y su voluntad en avanzar en la convivencia democrática. Creo que ha llegado el momento de hacer reflexiones zintzoak (sinceras) para quetodos seamos capaces de hacer un diagnóstico de los últimos 60 años, acercarnos a una hipotética verdad colectiva y poner bases de convivencia democrática. El sufrimiento está todavía a flor de piel. Con el cuerpo caliente de un preso muerto tras diez años de encarcelamiento en primer grado a 1.000 kilómetros de su familia, lo injusto es tener que afrontar una muerte de estas características. No es cuestión de pasar facturas. Tenemos y podíamos haber hecho más desde esas instituciones para mostrar empatía sobre un sufrimiento que sigue.

¿La izquierda abertzale dará pasos en la medida en que otros los den?

—Estamos dispuestos a hacer una reflexión de lo que ha pasado en este país en estos 60 años. Tendremos elementos de autocrítica propia, pero dentro de una reflexión colectiva. Seamos conscientes de que ha habido muchas estrategias político-militares, grados de violencia con niveles de soporte político… Independientemente de los aspectos cuantitativos, tenemos que entrar a esa reflexión colectiva abiertos en canal, no intentar jugar como si fuera un terreno de batalla política. En todos los procesos de paz ha sido fundamental buscar empatías entre espacios confrontados. Aquí hay sectores que de partida niegan la existencia de un conflicto político y es imposible entrar en una reflexión colectiva. La izquierda aber-tzale estará abierta a un nivel de reflexión mirando al pasado siempre en el marco de una reflexión colectiva.

¿Cree usted que ELA ha creído alguna vez en la unidad de acción?

—Ellos dicen lo contrario. No existe ninguna justificación de peso que impida un nivel de acción del sindicalismo abertzale en clave sindical, social y política, acorde al diagnóstico que vive este país. No hay ninguna justificación, a no ser que haya un interés exclusivamente en términos de competencia sindical. l

las claves

donostia- Ayer se cumplieron siete meses desde que salió de prisión. ¿Qué sociedad se ha encontrado?

-Una sociedad bastante distensionada en términos políticos. Me da la impresión de que la ola conservadora y neoliberal que se ha extendido a nivel global están teniendo efectos en los comportamientos sociales. Esa ola conservadora, con la competitividad, la estabilidad, el consumo y el crecimiento como mantras de culto político y económico, ha hecho perder perspectiva al país a la hora de responder dónde estamos y a dónde vamos como proceso político.

¿Esa ‘despolitización’, contradictoria en una sociedad que ha estado tan politizada, es generacional?

-Tenemos un grave problema de liderazgo político en esta sociedad, faltan tractores políticos que tiren de la sociedad hacia un horizonte colectivo como país. Si falta ese liderazgo, la tendencia es al estancamiento. Cuando se ha producido la descompresión social ante la nueva etapa tras el fin de la actividad armada de ETA, se da una falta de liderazgo colectivo para pasar de una estación autonómica a un marco de soberanía que demandamos desde muchos ámbitos políticos, sindicales y sociales.

¿Es una sociedad ‘zombie’?

-No ha habido un gobierno en términos políticos, aunque sí desde el ámbito de gestión institucional. Desde este ámbito -y la responsabilidad del PNV es importante-, se han introducido unos ansiolíticos para dejar a la sociedad en cierto nivel de adormecimiento.

¿Qué autocrítica deben hacer los partidos y los sindicatos?

-Hoy es evidente la mayoría a favor del derecho a decidir, el unionismo es la cuarta y quinta fuerza política, el sindicalismo abertzale tiene una posición mucho más consistente… Pero, la pregunta, con cambio de contexto en Euskal Herria con la desaparición de la violencia, es: ¿qué hemos hecho estos años para que el tren del proceso siga sin moverse? Eso nos lleva a la autocrítica a todo el espectro político.

¿A la izquierda abertzale?

-Puede hablar de un grado de responsabilidad ante la dificultad de responder a la estrategia del PP de secuestrar el proceso político secuestrando la situación de los presos para tener un elemento de fuerza en el tête à tête con Euskal Herria, un tema que afectaba al corazón del proceso político. La izquierda abertzale tardó en adaptarse. Creímos que podía desarrollarse un proceso de paz clásico, donde todas las partes entraran a todas las consecuencias del conflicto. Esto no se da y en la izquierda aber-tzale se genera cierto desconcierto.

¿Cómo valora el papel del PNV?

-Tiene una responsabilidad fundamental. En un contexto positivo en la correlación de fuerzas favorables al derecho a decidir, se produce una doble involución. Por un lado, sobre lo que significaba el Plan Ibarretxe como referencia a la hora de continuar un proceso de cambio político;y por otro lado, se desarrolla un nivel de alianzas con fuerzas unionistas cuando más débil está el Estado en cuanto al modelo territorial, con la crisis de Catalunya abierta e intentando evitar contaminación del procés.

Sin embargo, este PNV recibe un amplio respaldo en las urnas.

-Diferenciaría la evolución de los partidos en cuanto a representación y peso, donde el PNV tiene una mayoría importante consolidando su posición a costa de unas políticas que generan la atracción de determinados caladeros sociales, y la situación del país. Esto último no se puede analizar solo en términos partidarios.

¿En cuáles propone?

-En los últimos cinco o seis años se produce el cambio del mapa institucional en la CAV y en Nafarroa: hay una mayoría teóricamente favorable al cambio del marco de soberanía, pero esa mayoría no está operativa. Jugando a cortoplacismos que me parecen muy peligrosos, la interlocución política como país ante el Estado se ha debilitado. Llega el momento de terminar con cierto egocentrismo político a la hora de valorar cómo estamos y de que cada uno valore la situación no según cómo le va. Tenemos que abordar nuestra posición política más en clave de articular una mayoría de cambio, en cómo poner el país en marcha y sacar el tren del proceso de la estación autonómica. Si nos conformamos con análisis focalizados en mi evolución político-partidaria, y en estrategias cortoplacistas, es posible que como país hagamos un gran fraude colectivo.

¿Cómo ha visto al sindicalismo?

-Tendría que valorar qué pasa después de una fase de respuesta a la crisis económica, con cinco o seis convocatorias de huelga general, y otra fase de retroceso en la que da impresión de cierta de desaparición del país. Con independencia de esto, vuelvo a las preguntas de fondo: es imprescindible hacer un diagnóstico del país, del Estado y sacar el tren hacia el marco de soberanía.

¿Mantiene la idea de un Txiberta II?

-En los últimos meses han pasado cosas importantes para situar con mayor objetividad ese Txiberta II. El choque del procés con el Estado y el 155, con lo que conlleva, nos lleva a una reflexión: el Estado no plantea el 155 como terapia exclusiva para Catalunya. Si el 23-F provocó la Loapa, el 155 provoca una auténtica Loapa global al modelo territorial. El Estado, y hablo del Estado no solo como poderes políticos, ha decidido que el modelo vigente ha llegado demasiado lejos, que hay que acabar con los procesos cíclicos con los que el soberanismo cuestiona el actual modelo constitucional. El Estado pone sus peones en marcha, desde el Ibex 35 al ámbito mediático, fortaleciendo un espíritu emocional en el nacionalismo español que provoca corrimientos sociales importantes que garantizan a esos poderes una mayoría política de derecha o ultraderecha para poner en marcha esa reforma-contrarreforma.

¿Cuál es la respuesta?

-Desde el soberanismo no podemos verlo como una película que se desarrolla en el Estado o Catalunya, y no nos influye. Hay que hacer una reflexión de fondo: de dónde y cómo viene el Estado. Estamos ante una encrucijada histórica muy similar a la preconstitucional, de ahí ese Txiberta II. El movimiento abertzale y los sectores democráticos de este país pueden articular no solo la defensa de lo que tenemos sino una propuesta referente para el proceso a la soberanía. Nos jugamos mucho. El movimiento abertzale tiene que situar un mojón político claro como referencia para la sociedad, que signifique una sacudida colectiva, con músculo social capaz de incentivar un debate político de fondo, no solo la gestión diaria.

¿Ve condiciones?

-Sí, en la medida en que hay mayorías que pueden llevarnos a compromisos de carácter histórico. Apelamos a que seamos en esta coyuntura capaces de activarnos como país y como nación, poniendo mojones políticos que respondan a un consenso de que la fase autonómica está agotada, que hay que ir a un nuevo modelo de relaciones con el Estado desde la CAV y Nafarroa basado en cuatro elementos: el reconocimiento nacional, en el derecho a decidir, en otro fondo de poder y un sistema de garantías de bilateralidad efectiva. No podemos tener un árbitro como el Constitucional, que se convierta en juez de parte.

¿Ha llegado el ‘procés’ tarde a Europa?

-El proceso catalán ha sido ejemplar en muchas cosas, como la simbiosis social-institucional. Ha intentado llevar a Europa lo legítimo y democrático de lo que hacía teniendo en cuenta la posición cerrada a negociar del Estado, pero cuando el proceso catalán ha llegado al tope, la Europa de los Estados ha dado un primer apoyo claro a Rajoy, dejando al movimiento independentista en una situación de desprotección política. Las cosas pueden ser muy diferentes, con independencia de la autonomía y la madurez de cada proceso, si tanto desde el País Vasco como desde Catalunya se hubiera planteado de manera coordinada una reformulación del modelo de Estado en clave de reconocimiento nacional, confederal, que se hubiera podido plantear como solución democrática en Europa.

¿Ve posible que, como pasó en Catalunya, desde abajo se obligue a las formaciones políticas?

-La actividad de Gure Esku Dago y el plan que tiene articulado pueden ser un acicate importante para que la sociedad sitúe en su agenda el ámbito político. Es hora de que la sociedad civil sea capaz de incidir e influir en los partidos. Estos meses que llevo en libertad, con un nivel de relaciones muy amplio y plural, percibo un interés importante y convicciones sólidas: esta sociedad y sus líderes deben ponerse en marcha en una dirección.

¿Veremos consolidar los principios de los que habla en la Ponencia de Autogobierno de Gasteiz?

-Debería. La voluntad de EH Bildu es articularlo con bases sólidas en lo institucional y en lo social. Se ha querido contraponer la unilateralidad de la izquierda abertzale y la bilateralidad que plantea como cuestión central el PNV. La unilateralidad no es un capricho, sino la falta hoy de un interlocutor dispuesto a negociar lo que la mayoría de la sociedad vasca demanda. Si la sociedad tiene un proyecto mayoritario legitimado en una consulta habilitante, ¿cómo no voy a intentar la bilateralidad? Me gustaría un interlocutor en disposición de asumir la voluntad democrática de la sociedad vasca. Si no, tendré que plantear cómo, desde mi actividad institucional, social, política y de estrategia europea, condiciono a ese interlocutor. No es incompatible un grado de unilateralidad con la búsqueda de bilateralidad. Lo irreal es plantear una bilateralidad en la que al final el interlocutor tenga veto sobre la mayoría de la sociedad vasca.

¿La consulta habilitante es fundamental en ese esquema?

-Al ir a Madrid al desarrollo posible de la bilateralidad, me parece muy importante ir en nombre del conjunto del país, de la CAV o Nafarroa. Más allá de defender la consulta como un elemento de posición política, debe plantearse como una necesidad de legitimar democráticamente lo que una mayoría institucional haya planteado. En la hipótesis de que esa mayoría tenga un proyecto, la mejor forma de iniciar la negociación es con esa legitimidad.

¿El ‘tren’ navarro hacia la soberanía debe esperar más que el de la CAV?

-No tenemos que funcionar con los mismos ritmos políticos. Entre las experiencias que tenemos, intentar uniformizar los ritmos políticos no es lo mejor para avanzar colectivamente. El cambio en Nafarroa está teniendo resultados positivos en lo que era un régimen cerrado a una parte importante de la sociedad navarra y se ha creado un contexto que tiene que consolidarse en el terreno político, social e incluso ser más ambicioso en ambos. Se demostrará que no solo responde a unas siglas, sino a las necesidades de la sociedad navarra. Sería necesario consolidar la actual mayoría para poner en marcha ese proceso hacia un nuevo estatus con el Estado.

¿Cómo plantea ese cambio?

-Primero, la sincronización interna. Con la nueva comunidad de Iparralde, tenemos una oportunidad histórica. Echo en falta una gran cumbre de Urkullu, Etchegaray y Barkos que sitúe al país ante Europa. Tenemos que plantear iniciativas que consoliden este sujeto nacional en Europa. Segundo, la sincronización externa del eje vasco-catalán hacia el Estado;y por último, la estrategia europea. Se dan condiciones de tener esas tres referencias en nuestra proyección política y podemos poner al país en otra dirección. Para eso hace falta una reflexión en la política de alianzas.

¿Qué reflexión?

-El unionismo está en otro perfil de actuación. El PSOE está sin margen en esta contrarreforma. Desde mi punto de vista, Pedro Sánchez es un accidente en la evolución del PSOE. La posición del PSOE la definen los clásicos barones y Prisa. Es un PSOE que da soporte al 155, plantea revisar el Cupo, en algunos ámbitos cuestiona el Concierto Económico y no tiene una visión plurinacional del Estado. Si queremos abordar esta encrucijada histórica, tenemos que poner sobre la mesa la política de alianzas.

¿En su caso?

-Si se define un plan conjunto de sincronización interna y externa mirando a Europa, la izquierda abertzale está dispuesta a asumir todas las responsabilidades para dar estabilidad política al país hacia ese marco de soberanía. Significa que el PNV tiene que hacer una apuesta clara en el diagnóstico y a dónde ir. Tendría que cambiar su política de alianzas.

¿Por qué EH Bildu no asistió al homenaje a las víctimas en Bilbao?

-EH Bildu y la izquierda abertzale han dado estos años prueba manifiesta de su compromiso con el nuevo contexto histórico y su voluntad en avanzar en la convivencia democrática. Creo que ha llegado el momento de hacer reflexiones zintzoak (sinceras) para que todos seamos capaces de hacer un diagnóstico de los últimos 60 años, acercarnos a una hipotética verdad colectiva y poner bases de convivencia democrática. El sufrimiento está todavía a flor de piel. Con el cuerpo caliente de un preso muerto tras diez años de encarcelamiento en primer grado a 1.000 kilómetros de su familia, lo injusto es tener que afrontar una muerte de estas características. No es cuestión de pasar facturas. Tenemos y podíamos haber hecho más desde esas instituciones para mostrar empatía sobre un sufrimiento que sigue.

¿La izquierda abertzale dará pasos en la medida en que otros los den?

-Estamos dispuestos a hacer una reflexión de lo que ha pasado en este país en estos 60 años. Tendremos elementos de autocrítica propia, pero dentro de una reflexión colectiva. Seamos conscientes de que ha habido muchas estrategias político-militares, grados de violencia con niveles de soporte político… Independientemente de los aspectos cuantitativos, tenemos que entrar a esa reflexión colectiva abiertos en canal, no intentar jugar como si fuera un terreno de batalla política. En todos los procesos de paz ha sido fundamental buscar empatías entre espacios confrontados. Aquí hay sectores que de partida niegan la existencia de un conflicto político y es imposible entrar en una reflexión colectiva. La izquierda aber-tzale estará abierta a un nivel de reflexión mirando al pasado siempre en el marco de una reflexión colectiva.

¿Cree usted que ELA ha creído alguna vez en la unidad de acción?

-Ellos dicen lo contrario. No existe ninguna justificación de peso que impida un nivel de acción del sindicalismo abertzale en clave sindical, social y política, acorde al diagnóstico que vive este país. No hay ninguna justificación, a no ser que haya un interés exclusivamente en términos de competencia sindical.

“Tenemos un grave problema de liderazgo político, faltan tractores políticos para que tiren de la sociedad hacia un horizonte colectivo como país”

“Jugando a unos cortoplacismos muy peligrosos, la interlocución política como país ante el Estado se ha debilitado”

“No tenemos que funcionar con los mismos ritmos políticos la CAV y Nafarroa;no es lo mejor para avanzar colectivamente”

“La izquierda abertzale estará abierta a un nivel de reflexión mirando al pasado siempre en el marco de una reflexión colectiva”

“No existe una justificación de peso que impida un nivel de acción con ELA, a no ser que haya un interés en términos de competencia sindical”

“Echo en falta una gran cumbre de Urkullu, Etchegaray y Barkos que sitúe al país ante Europa y consolide el sujeto nacional”

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