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Matilde Rivera Misionera ecuatoriana en misiones de kenia

“En mucha zonas de Kenia a las niñas aún se las vende para tener ganado”

“Soñaba con ir a África”, dice sonriente la misionera ecuatoriana que trabaja en Kenia y que está en Euskadi apoyando la campaña Misiones Diocesanas 2018

Una entrevista de Nekane Lauzirika Fotografía Oskar M. Bernal - Sábado, 17 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Matilde Rivera

Matilde Rivera (Oskar M.Bernal)

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Matilde Rivera

Bilbao- Matilde Rivera siempre quiso ser religiosa;pertenece a la Congregación ecuatoriana, Santa María de Jesús Marianitas.Con ellas ha trabajado en su país y en Chile. Los últimos 19 años los ha entregado a África. Como en años anteriores, en las diócesis vascas se celebra mañana el día de las Misiones Diocesanas cuyo lema es Zerbait berria ernetzen ari da/Algo nuevo está brotando. Este año ha querido poner el acento de la campaña en África, en solidaridad con las personas excluidas, solidaridad que desemboca en el compromiso con el continente africano. Como Voces del Sur, cuentan con dos hermanas marianitas-a dos misioneros del Congo se les ha denegado el visado por segundo año consecutivo-, que durante estos días recorren diócesis, colegios, parroquias... ofreciendo un testimonio cercano, directo de la realidad social y eclesial

Qué hace una monja ecuatoriana en Kenia. ¿Cuál ha sido su periplo?

-Siempre quise ir a África y mi deseo se hizo realidad cuando mi Congregación abrió las puertas al mundo;nuestra madre general nos dijo que había llegado la hora de dar desde nuestra pobreza lo recibido. Estuve 14 años en Etiopía y ahora llevo 5 años en Turkana, a tres días de Nairobi;trabajamos en varias misiones.

En Ecuador también se necesita ayuda. ¿Por qué salir al exterior?.

-Crecí en una Iglesia muy profética con monseñor Leonidas Proaño, que nos inyectó la idea de que la transformación y la solidaridad se hace desde abajo. Desde allí las comunidades de base contribuyen a transformar la sociedad. La motivación por ir al continente negro iba acompañada con mi vocación misionera de servir en África, a pesar de que en Ecuador haya también pequeñas Áfricas.

Y cumplió su sueño africano

-Sí. Entré descalza, con mucho respeto para no atropellar a la gente, Cuando llegamos a otro continente hay que sacarse los esquemas que tenemos en la cabeza. Debemos ir con mucho respeto. Aterrizamos en Guimbi, habitada por la tribu Oromo y lo primero que hicimos fue aprender el idioma, su cultura.

¿Y topó con un nuevo mundo?

-Es una experiencia marcante, porque uno llega a la misión y debe de despojarse de todo y comenzar de cero, con humildad. Se me abrió el horizonte de este nuevo mundo.

¿En qué proyectos trabaja?

-En Etiopía me centré en el mundo de las mujeres y los niños de calle. Con ellas comenzamos a concienciarlas de que son valiosas, talentosas. Su cultura las aplasta de tal forma que para ir a una reunión no pueden sin sus maridos. Tantos años sin derechos humanos les ha llevado a pensar que el marido es el centro de la casa, el que piensa y decide.

¿Salen poco a poco de ese engaño?

-Los 14 años de Etiopía fueron muy fructíferos, logramos que ellas tomaran conciencia de que valían, que podían organizarse, buscar recursos para su familia...trabajar juntas por una vida más digna. La formación fue clave para que ellas vieran que eran muy talentosas.

¿Y con los niños de la calle?

-La mayoría eran huérfanos huidos de la guerra, del hambre. Otros, enfermos de sida que iban a la ciudad para comer. Preparamos proyectos educativos, pero muchos no querían porque se habían acostumbrado a la calle;entonces organizamos un programa de pequeños negocios donde vendían dulces, pañuelos.... Logramos que algunos fueran al colegio y aprendieran a escribir y a leer, pero se desmotivaban porque al terminar no tenían trabajo.

¿En Kenia van en la misma línea?

-S, pero a tres días de Nairobi, donde las mujeres viven en el desierto en condiciones más duras. Estamos con los turkana, rodeados de tribus vecinas que son sus enemigas. Cada una ha cogido el mejor terreno con agua para ellos y sus animales. Pero a los turkana no les reconoce ni el Gobierno, ni ellos se sienten kenianos. Están en un triángulo que delimita con Etiopía, Sudán y una puntita con Uganda. Es una incógnita y no se sabe a quién pertenecen. Aunque sea territorio keniano, nadie les hace caso.

Luchan por el agua para sobrevivir. -Al ser el territorio tan seco -solo llueve una vez al año- buscan pozos, pero necesitan dinero ya que los puntos de agua se encuentran en lugares rocosos, no en la arena. Con la ayuda de Misiones Diocesanas del País Vasco hemos cavado varios para producir huertos familiares que den para comer pimientos, sandías, melones, etc. Lo fascinante, lo bello es que donde antes había árboles de espino ahora hay producción.

¿Qué es lo que más necesitan?

-Agua. Es muy importante.

Posiblemente los países ricos tengamos parte de la culpa pero ¿qué falla en un país como Kenia para que la riqueza no permee y cubra las necesidades de la población?

-Hay demasiada diferencia entre ricos y pobres. Hay lugares en los que la gente vive con un euro al día y otros como si estuvieran en mansiones en Europa. La corrupción es uno de los factores;la forma en la que el Gobierno organiza los convenios con las multinacionales.

Dígame algo que considere importante para que alguien de aquí se decida a ayudarles. Habrá muchas razones, pero dígame una

-El agua. Una alternativa para tener comida, porque la gente se muere de hambre. Si la consiguiéramos haríamos huertas y daríamos trabajo a la gente para que pudiera comer. Porque incluso para comprar alimentos secos -frijoles, arroz...- deben desplazarse y utilizar los camiones. Eso requiere pagar el transporte un día, quedarse otro, comprar y volver;la población no tiene dinero. Al final, hay dos o tres camiones con comida para los que pueden comprarla.

¿Cuántas misioneras están?

-Seis. Y como creemos que la educación es clave para sacar a las mujeres/niñas de la pobreza en Kaikor, estamos en una escuela financiada por el Gobierno y 4 guarderías que llevamos las misioneras, gracias a las aportaciones de Misiones Diocesanas. ¿Cómo hacen para que las familias manden a las niñas al colegio?

-Al comenzar la Secundaria solo había varones. Luchamos para cambiar las tradiciones tan arraigadas que hacen que las niñas no solo no vayan al colegio, sino que aún sean usadas para el trueque: las familias se las dan a hombres mayores que tengan animales y la niña debe casarse con él.

¿Escándalos como Oxfam les salpican? ¿hace que haya menos interés?

-Oxfam hace dos años en nuestra zona hizo un trabajo excelente. Llevó comida, trajo ollas, machetes que necesitaban para las leñas... Lo que ocurre es que las ONGs, terminado su trabajo, se van. Los misioneros vamos a vivir con ellos, hacemos comunidad, no solo vamos a trabajar.

las claves

“Trabajamos con las mujeres hasta convencerlas de que son útiles;no saben que tienen derechos”

“Las familias aún son reacias a que las niñas vayan al colegio;cuesta mucho cambiar la mentalidad”

“Oxfam hizo un buen trabajo en el poblado, pero el problema de las ONGs es que no se quedan con el pueblo”

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