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Tiene dentro la pócima mágica de la pelota

Koldo Iriarte Zulueta / Manista

Viernes, 16 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Koldo Iriarte con su hija mayor -Joane- en brazos.

Koldo Iriarte con su hija mayor -Joane- en brazos. (Foto: DNA)

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Koldo Iriarte con su hija mayor -Joane- en brazos.

F amilia y entorno. Las circunstancias y uno mismo, que diría José Ortega y Gasset. Koldo es un tipo sano, atento y afable. Un deportista con mayúsculas. Pelotari. Y están entorno y familia. Amurrio, un pueblo con tradición, y Martín, el padre, cadena ADN marcada a fuego con el juego de la pelota. Tanto es así que el día que bautizaban al hijo él jugaba la final del Torneo Interpueblos en Baños de Ebro formando pareja con Elejalde, tío de Endika “con el que yo jugué luego tantas veces”. Koldo Iriarte Zulueta nació en Amurrio el 12 de junio de 1983 y porta en la sangre los aires del Txindoki cuando se cuela por entre las callejas del pueblo de Abaltzisketa, donde se crió el aita.

Le cojo a la salida de Txagorritxu, de qué si no. Que por aquí no anda si no es para jugar. Con unos días de retraso -bastantes- Izaro se ha apuntado a la prole. “Ojito dónde te metes estas semanas que viene ésta y tú no estás”, le dijo Lukene a mediados de febrero. Koldo, que no quería perderse un partido ni en broma, jugó once entre enero y febrero, se citó en Zarautz con la Liga Vasca y se llevó a la familia con la “bolsa de parir y los por si acasos”. Con Dorronsoro “en plan artista” vencían por 22 a 4 a Muñozguren y Uriondo. Entrando marzo saldría Izaro. Ya está en casa con la ama y la mayor, Joane, compañera del padre muchas tardes de goxua en cualquier pared del frontón que sea a modo de txiki park;ella se entretiene tirando pelota y él se mete en el rebote con los Larrazabal a darle un rato. Que Koldo es un jugón y “se pirria” por la pelota. La chavalila se entretiene y el padre… más aún. Le gusta revolver y salsear con la goxua. Hoy y hace 10 años en Areta, cuando se la jugaba en buena lid contra Unai Mendibil, que fuera canchero, en el cuartito anexo a la cancha principal de donde “el tío era capaz de sacarla por la puerta como si la dirigiera a distancia”.

A los cinco años llevaba la pelota a todos los sitios. Mano y pelota eran piel contra piel. Cuando vacacionaba en Donosti y Zarauz nunca faltaba la pelota. Antes ella que los cuadernos. Fijo. Zigor Velasco fue su primer compañero, pareja muchos años en el escolar y en el campeonato provincial. Y formó dúo con Arkaitz Ereño para protagonizar duros, largos y bellos enfrentamientos de mano por parejas. Como en 2005, “cuando caímos en la final promesa de Areta contra Asier Beitia e Ibai Zabala”.

Como la mayoría de pelotaris alaveses se muestra más que orgulloso por haber jugado en Los Fueros. “Es el escenario perfecto” por el que han pasado a verle padre, mujer e hija. Es un frontón seco, irregular pero “con magia” y el ambiente que trasmite cada verano es único. Y lo dice él, que nunca ha ganado en ese frontón, porque “nunca jugué bien las finales”. Como aquella contra Mikel y Resano. “Jauregi jugó un torneo espectacular y no pude ayudarle mucho en el partido decisivo”, recuerda. Debieron empezar desde muy abajo y “lo notamos el último día”.

Iriarte jugó seis años en Egur Sport, empresa en la que coincidió con Jaio, Arbizu, Goñi y Gonzalo Velasco. Años en los que llegaba a disputar 60 partidos en cuatro meses y “parar el resto del año”, lo que suponía un claro perjuicio porque él quería jugar siempre. Pero no podían. La Rioja y Rioja Alavesa, sus pueblos: Moreda, Samaniego, Leza, Villabuena, Elciego eran parada obligatoria. Con Rober Uriarte formó el dúo tintiniano, los Iriarte-Uriarte, tan famoso por tierras valencianas de sana y abundante jarana. También coincidió con Gabarri, el pelotari gitano, “muy bueno”, que llegó a firmar con Aspe. Y esta misma temporada con Xala, Olaizola I, Eugi y Arretxe II. “Los placeres de la vida, Ramón”, cuenta con los ojos brillantes mientras susurra emocionado cómo se movió Xala, pletórico, “cuando jugamos contra Gerrero y Apraiz. Tuve que tirar alguna yo para igualar el resultado”. Se las tenía que pedir “casi por favor” porque el compañero “anduvo de lujo”.

Ha formado pareja con muchos pelotaris pero destaca a Mikel Gerrero sobre los demás. “No sé qué tiene, pero en cuanto nos subimos al coche el tío ya me ve cómo estoy”. Han jugado juntos decenas de veces. Iriarte detrás, “aunque a veces también juego de delantero”, como el pasado enero en el Torneo San Antón, con el chaval Eneko González detrás, “cuando les metimos un 22-7 a Larrazabal y Arregi”. En todo caso, le da igual con quién, con qué pelota y en qué torneo. “Lo que sea” me dice, “es donde más disfruto”. Y es cierto. Puede acabar reventado tras un entrenamiento, y siempre pedirá más: “uno a tres, cinco tantos más”. Incansable. Dan fe de ello quienes coinciden en el grupo de entrenos en Amurrio. Allí, con Dani Arkotxa al frente, se ven las caras Dorronsoro, Gerrero, Zabaleta, veteranos, y los jóvenes González, Larrazabal, Kerman Álava y Arregi “y yo, casi un cuarentón, con ellos, a gusto” imaginando lo bien que les irá este año en el Interpueblos. Seguro que sí. Amurrio siempre es candidato al título. Puede formar buenos dúos en las tres categorías. Se relame sólo pensar lo bien que lo pasa con todos ellos. Con un chaval como Larrazabal, que, si “tiene una oportunidad la aprovechará seguro” porque antepone la pelota a casi todo lo demás. Con Gerrero, “el aitatxo de todos, el que nos da sosiego, calma y buenos consejos”. El hombre tranquilo, el único -según opina Koldo- “capaz de desactivar el remate especial de un pelotari increíble como Aitzol Dorronsoro”.

Escuchándole, parece que todo le ha ido bien siempre, que su caminar entre frontones ha sido un paseo entre las nubes. Pues no. Tuvo la desgracia de romperse los dos tendones de la muñeca y estuvo todo un año sin poder jugar. Le vieron cantidad de médicos y nadie daba con la solución. Casi todos predijeron que no volvería a jugar. Tenía 29 años. El doctor Sánchez le aconsejó que visitara a su colega catalán Mir, el cirujano de los motoristas. Le llevó informes, radiografías, resonancias… y “me dijo que volvería a jugar”. Respiró tranquilo. Fue intervenido el 6 de septiembre de 2013. Durante aquellos 12 meses las manos “se me hicieron mantequilla y cogí algún kilo que otro” pero volvió a jugar. Hoy seguimos viéndole, disfrutando de su arrojo y determinación, junto a su amigo Alberto Trujillo, un peruano “que no se pierde una”, en Artziniega, en Galdakao, en Barambio -tres partidos, tres fiestas en 20 horas-, “un chaval que lleva 10 años con nosotros en el pueblo y nos sigue a todos como el que más”. Otro gran aficionado que, sin duda, habrá sabido mamar o sorber de la pócima mágica de Iriarte.

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