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Stephen Hawking, el genio de la astrofísica

El científico que explicó el universo desde una silla de ruedas y acercó las estrellas a millones de personas falleció a los 76 años. Mediático, brillante, ingenioso y muy popular, era una de las mentes prodigiosas de la últimas décadas.

Un reportaje de Guillermo Ximenis. Fotografía Jason Szenes - Jueves, 15 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Stephen Hawking, en una rueda de prensa en el One World Trade Center, en Nueva York, el 12 de abril de 2016.

Stephen Hawking, en una rueda de prensa en el One World Trade Center, en Nueva York, el 12 de abril de 2016.

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Stephen Hawking, en una rueda de prensa en el One World Trade Center, en Nueva York, el 12 de abril de 2016.

el mundo de la ciencia despidió ayer a una de sus figuras más carismáticas de las últimas décadas, el astrofísico británico Stephen Hawking, que contribuyó a establecer las bases de la cosmología moderna y se convirtió en un icono de la cultura popular.

Hawking murió de madrugada en su residencia de Cambridge (Inglaterra) con 76 años, a pesar de que en 1963 le fue diagnosticada una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) por la que los médicos no pensaban que tuviera más de dos años de vida.

La comunidad científica lamentó la pérdida de una “mente extraordinaria”, y algunos de los investigadores más relevantes del Reino Unido, como el astrofísico Martin Rees -antiguo compañero de universidad-, elogiaron su talento científico y la fuerza de voluntad que dominó su vida.

La voz robótica del sintetizador con el que Hawking se vio obligado a comunicarse a partir de 1985 y su figura inmóvil en una silla de ruedas aparecieron en multitud de programas y series de televisión, como The Simpson, Star Treky The Big Bang Theory.

Su salto a la fama lo había propiciado el libro Breve Historia del Tiempo, en el que en 1988 explicó en un lenguaje accesible los últimos descubrimientos sobre la naturaleza de los agujeros negros y el origen del Universo, campos de los que él mismo había sentado las bases matemáticas.

Su faceta mediática eclipsó en ocasiones su trabajo científico de primer orden, que entre otros logros llevó a demostrar que el Universo entero procede de un punto infinitamente pequeño -una singularidad-, lo que dio un nuevo respaldo a la teoría del Big Bang, formulada décadas antes.

Descubrió además que los agujeros negros no son objetos completamente inaccesibles de los que nada puede escapar, como pensaban los físicos hasta entonces, sino que irradian calor y, con suficiente tiempo, acabarían evaporándose y desapareciendo.

La existencia de esas emisiones, bautizadas como radiación de Hawking, dio un vuelco al campo de la cosmología, al que el científico contribuyó a lo largo de su vida con más de 150 trabajos académicos.

El físico británico nacido el 8 de enero de 1942 en Oxford, publicó sus descubrimientos tras doctorarse en la Universidad de Cambridge, en la que llegó a ocupar durante tres décadas la codiciada cátedra Lucasiana de Matemáticas, la misma que Isaac Newton.

El joven Hawking no sobresalió en el colegio -“Mi promoción fue francamente inteligente”, se excusó con ironía en alguna ocasión-, ni tampoco en sus primeros años de universidad, en los que demostró una inteligencia excepcional para las matemáticas pero no se preocupó por cosechar un currículum brillante.

Sus compañeros le recuerdan como un compañero jovial, amante de las discusiones y algo presuntuoso, que marcaba el ritmo como timonel en la embarcación de remo de su residencia universitaria.

Cuando los médicos le dieron dos años de vida, cuando tenía 21, pasó varias semanas encerrado en su habitación escuchando música de Wagner y bebiendo alcohol, hasta que tomó la determinación de continuar con sus investigaciones hasta que la salud se lo permitiera.

Jane Wilde, la joven a la que había conocido poco antes de ese diagnóstico y con quien se casó en 1965, fue una de las personas en las que se apoyó para sobreponerse a la noticia y que le ayudaron en las décadas siguientes a continuar con su carrera a pesar de los cuidados médicos constantes que requería.

Stephen Hawking se casó en 1965 con Jane Wilde, con la que tuvo tres hijos: Robert, Timothy y Lucy. En 1990, pasó a convivir con su enfermera, Elaine Mason, con la que se casó en 1995. Durante este segundo matrimonio hubo acusaciones de violencia doméstica contra él, aunque Hawking lo negó. Posteriormente los hijos acusaron a la mujer.

El vicerrector de Cambridge, Stephen Toope, alabó el “legado imborrable” del físico y sus “contribuciones excepcionales al conocimiento científico y la popularidad de la ciencia y las matemáticas”.

El estadounidense Neil deGrasse Tyson, uno de los divulgadores científicos más reconocidos, lamentó por su parte el “vacío intelectual” que deja su muerte, mientras que Gian Guidice, director del Departamento de Física Teórica del CERN, describió a Hawking como “un gigante en su campo”.

‘BREVE HISTORIA DEL TIEMPO’

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