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Dos estilos

Cada maestrillo, con su librillo

Abelardo aplica en sus equipos un fútbol vertical;Setién apuesta más por las combinaciones

Borja Mallo Alex Larretxi / Efe - Lunes, 12 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Quique Setién, en la visita del Betis a Las Palmas.

Quique Setién (Foto: LaLiga)

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Quique Setién, en la visita del Betis a Las Palmas.Abelardo sigue desde la banda el último partido.

Vitoria- El balón es el elemento fundamental en el mundo del fútbol, pero cada entrenador elige un camino para construir su equipo y tiene una idea diferente de lo que hay que hacer con el esférico para recorrer el camino que conduce hacia la victoria. No hay una única senda que conduzca al éxito y la historia da de sí capítulos para todos los gustos. En la actualidad, como ha sido siempre, se vuelve a repetir la división entre los técnicos que apuestan por la posesión, los toques y el juego combinativo y más pausado y los que optan por la recuperación, la verticalidad y la velocidad de un juego eléctrico. Cada uno aderezado con sus toques, ya que son pocos los que tienen la capacidad de llevar el estilo a sus extremos. A fin de cuentas, lo que vale es la eficacia. Seguramente a todos los aficionados les gustaría que su equipo jugase como el Barcelona de Pep Guardiola, pero es imposible. Por eso, el mejor entrenador es quien mayor rendimiento saca de su plantilla y sus circunstancias. Y, en ese sentido, Abelardo Fernández con su Deportivo Alavés y Quique Setién con su Betis evidencian que cada maestrillo tiene su librillo. Dos estilos muy diferentes, pero que les vienen dando resultados en sus carreras profesionales.

Siempre con balón El técnico cántabro encarna a la perfección esa apuesta que va ganando seguidores en la que la posesión del balón se considera cuestión fundamental. La religión que Johan Cruyff implantó en el Barcelona y que en el Camp Nou se ha mantenido inamovible tiene cada vez más fieles en LaLiga. Que Ernesto Valverde (Barcelona), Juan Carlos Unzué (Celta) o Eusebio Sacristán (Real Sociedad) mamasen del técnico holandés como jugadores ha expandido esa idea más allá de Can Barça. Pero hay excepciones, como la que representa un Abelardo que estuvo temporada y media a las órdenes de Cruyff y que como entrenador no ha seguido esa línea al no contar con equipos apropiados para ello. O, en sentido contrario, el citado ejemplo de Setién o el de Paco Jémez, que han construido sus equipos en torno al balón.

Tras ascender a su Racing de Santander a Primera División en la temporada 2001-02, la carrera en los banquillos de Setién pasó por un largo período de barbecho hasta que en la campaña 2009-10 fichó por el Lugo. En el estadio Anxo Carro decidió que el balón, su posesión y circulación, iban a ser factores clave en su equipo. El juego que practicó durante tres temporadas consecutivas fue el mejor que se recuerda en toda la historia de una Segunda División B que está lejos de caracterizarse por las florituras, menos en los grupos del norte. En unas cuantas ocasiones sufrió en sus carnes el propio Alavés el peculiar estilo de los lucenses, que en la tercera campaña del técnico acabaron ascendiendo a Segunda. En la categoría de plata, sin variar ni un ápice su estilo ni importar que fuese uno de los más modestos en lo económico, consiguió tres permanencias holgadas hasta encaminar sus pasos hacia la Primera División.

El Las Palmas le eligió como relevo de Paco Herrera tras un mal arranque de curso después de haber conseguido el ascenso. La reacción de la mano del cántabro fue sensacional. Fiel a un estilo que encajó a la perfección en el Estadio Gran Canaria, donde sacó un rendimiento excepcional de una plantilla plagada de talento. En su primera campaña consiguió una salvación holgada, mientras que en el arranque de la segunda situó a los amarillos entre los mejores de Primera, aunque se fueron desinflando -dentro de un vestuario con muchos problemas y con el propio entrenador en conflicto abierto con la directiva-, Setién dejó claro mucho antes del final de la temporada que no iba a seguir en la isla.

Ese fuerte temperamento que desde siempre le ha acompañado -con Jesús Gil como presidente del Atlético de Madrid tuvo broncas sonadas- echó para atrás a alguno de sus pretendientes el pasado verano, pero no a un Betis que llevaba ya tiempo tras sus pasos. En el Benito Villamarín comenzó un proyecto a tres temporadas vista, eligiendo de la mano de Lorenzo Serra Ferrer jugadores que se acomodasen a su idea de mantener el balón, sacarlo jugado desde atrás y alcanzar el área rival con un fútbol combinativo. Una idea que le ha dado muchas tardes de gloria, pero también varias de penurias. Y es que Setién lleva asociada la vistosidad a su estilo, pero también la asunción de riesgos por esa idea en la que prima el toque por encima de la zona del campo en la que se hace.

Como un cuchilloAbelardo bebió durante ocho temporadas del fútbol del Barcelona, pero como entrenador decidió elegir el estilo que había aprendido desde chavalín en Mareo. Un juego de una enorme preponderancia táctica, con un sistema de presión brillante y que se centra en desactivar el ataque de los rivales para lanzarse al ataque con verticalidad y velocidad. Un estilo con el que dio a luz a una brillante generación en las categorías inferiores de su Sporting hasta que fue reclamado por el primer equipo. En su primera temporada completa en un club cargado de problemas económicos, consiguió el regreso a la máxima categoría. En 42 partidos, su equipo solo encajó 27 goles y sacó un rendimiento enorme de cada diana con una plantilla basada en los canteranos. Pero si milagroso fue ascender, más aún lo fue la permanencia en Primera la temporada siguiente antes de abandonar el club mediada su cuarta campaña.

Ese estilo que implantó y tan bien funcionó en el Sporting, un club que en sus dos temporadas en la máxima categoría estaba tremendamente limitado a la hora de fichar por sus problemas económicos, ha sido el que le ha conducido a protagonizar, o a estar a las puertas de protagonizarlo, un nuevo milagro en Vitoria. Si algo positivo de puede decir del Alavés de El Pitu es que se trata de un equipo con un sello reconocible y casi siempre competitivo.

Defensa adelantada, líneas juntas, presión fuerte desde tres cuartos de campo cerrando los pasillos interiores, juego de transición rápido tras la recuperación y búsqueda de las bandas y los servicios desde esa zona, con los laterales desplegándose en ayuda de los extremos. Un fútbol directo, que no se pierde en la floritura del toque -en Primera, el Eibar de Mendilibar, el Girona de Machín, el Getafe de Bordalás, el Valencia de Marcelino o el Atlético de Simeone pueden compartir ciertas similitudes con el Alavés- y que contrasta con el estilo de Setién, mucho más preciosista.

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