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David Sagastume Contratenor

“De Vitoria van a seguir saliendo buenos músicos”

De la mano de Jordi Savall, con el que lleva colaborando dos décadas, el contratenor David Sagastume regresa hoy a su cuidad natal para actuar en el Principal

Carlos González Toni Artigues - Jueves, 8 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

David Sagastume

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David Sagastume

Vitoria- Imposible resumir en pocas líneas la ya larga y premiada trayectoria del gasteiztarra David Sagastume, un camino que se inició entre las clases del Conservatorio Jesús Guridi y que ahora le tiene recorriendo medio mundo. Hoy, dentro del ciclo Grandes Conciertos y junto a Jordi Savall y su proyecto Las rutas de la esclavitud, vuelve a Vitoria, a una ciudad donde no es tan fácil verle y no por su culpa. Todavía quedan entradas disponibles.

Su último paso por Gasteiz para actuar fue...

-El pasado septiembre, en la Semana de Música Antigua. Pero era algo extraordinario, a través de la invitación de un grupo que ni siquiera sabía que yo era de aquí. La verdad es que he tenido muy pocos conciertos en Vitoria a lo largo de mi carrera. De hecho, con Jordi es el primero.

Y eso que junto a él lleva ya mucho tiempo.

-Pues 20 años.

¿Cómo es trabajar con una personalidad de su nivel?

-Ante todo, es muy fácil. Es una persona con la que se trabaja muy bien, entendiendo que en tantos años siempre hay algunos momentos más complicados que otros. Pero, en general, facilita mucho las cosas. Es un hombre que nunca pierde la calma, que es algo que quienes trabajamos con él agradecemos mucho.

Junto a él presenta este ‘Las rutas de la esclavitud’ que al final es un viaje por diferentes culturas, sonidos e intérpretes. Es algo premeditado y ¿un poco esquizofrénico para el intérprete?

-(Risas) No, no, para nosotros es muy enriquecedor. Y para el público es un programa muy divertido, entretenido. No hay muchas oportunidades de ver a un griot maliense cantando con un grupo mexicano mientras da palmas un percusionista brasileño. O nosotros mismos, que hacemos un poco de todo, desde villancicos coloniales hasta los coros de música maliense. Bueno, todo es lanzarse, con más pena que gloria (risas). Además, para nosotros, para los músicos europeos de tradición clásica que dentro de ella hacemos lo que se entiende como música seria (aunque sea un apelativo un tanto idiota), es muy interesante trabajar con intérpretes que se toman la música de otra manera, personas para las que la música no es un medio de vida sino su forma de vida. Eso es muy interesante para nosotros.

Bien sea con Savall o con otros proyectos, su camino pasa de manera habitual por diferentes ciudades y países, viajes donde hay poco hueco para el turismo, mientras uno sigue intentando estudiar y preparar cada programa, que es algo de lo que el público no suele ser consciente.

-Pero es bueno que eso pase. El público no tiene que ser consciente de todo lo que supone hacer un concierto, tiene que disfrutar del resultado final. Lo otro, lo anterior, corre de nuestra cuenta, por así decirlo. Es parte del pacto con el espectador. No tenemos que estar recordándole todo el rato lo que estudiamos y ensayamos, entre otras cosas porque, además, no siempre es cierto (risas). Es verdad que a veces te encuentras con alguien, le dices que te vas a París a actuar y piensa en que tienes mucha suerte. Lo que no sabe es que eso supone salir muy pronto de casa, coger un avión, irte a un hotel que en realidad no está en París, llegar a la una y media, comer en un turco que ya tenemos controlado, ir al ensayo, después el concierto y para a las seis de la mañana siguiente, volver al avión para regresar a casa. Sí, he estado en París, pero vamos...

Aunque reside fuera, cuando regresa a Gasteiz, además de estar con esa gran familia de la música que son los Sagastume...

-Es que vengo muy poco. Además, por la razón que sea, tener conciertos por el norte a mí nunca me ha resultado fácil. He actuado más veces en Santa Bárbara, California, que en Vitoria, por ponerte un ejemplo absurdo. A veces te preguntas cómo es posible que hagamos más conciertos en diferentes partes del mundo que aquí. Y cuando hablo de conciertos, me refiero a actuaciones profesionales, es decir, pagadas.

¿Se siente poco valorado?

-No, no me siento así. Lo que me da es un poco de tristeza. A veces, y más en esta ciudad, se tiene un poco de anti-chovinismo. Es más fácil que venga, por ejemplo a la Semana de Música Antigua, un grupo rumano que Daniel Oyarzábal o yo para hacer unos programas que en otros festivales nos están demandando. Eso me da tristeza. Además, el mundo de la música antigua es relativamente pequeño y nos conocemos entre casi todos. Si presento un programa, por decir una cifra, que cuesta 2.000 euros y me dices que imposible, que se sale de presupuesto, no pasa nada. Pero si luego traes a un grupo que resulta que está compuesto por colegas y amigos míos... es que ya sé lo que te están cobrando. Eso me da tristeza más que nada. Pero bueno, tengo la suerte de tener esta carrera y si tengo que seguir cantando en otros sitios, pues cantaré y aquí vendré a estar con los amigos.

Si por ejemplo hoy, algún estudiante del Jesús Guridi, donde usted empezó a dar sus primeros pasos, se acerca para pedirle un consejo, ¿qué le diría?

-Le diría que, como en cualquier otra carrera, si vas a hacer algo, hazlo bien. Hay que estudiar, estudiar y luego, estudiar más. De hecho, a mis años, me he apuntado a violonchelo barroco. Es que me parece importante seguir formándote. Así que le diría que estudie y que, además, procure tener suerte (risas). Es lo que me ha ocurrido a mí o a gente como Carlos Mena... la verdad es que tengo la suerte de contar con amigos que son muy buenos músicos.

Oyarzábal, Mena, usted... hablamos de músicos de una generación muy similar que han conseguido triunfar fuera. ¿Seremos capaces de repetir otras generaciones similares?

-Pero más allá de personalizar en unos o en otros, hay que fijarse en un conservatorio en el que en aquellos años, con todas las cosas que se hicieron mal, se hicieron bien muchas otras. Carmelo Bernaola era una persona que no siempre era de trato fácil pero puso a Vitoria en el mapa de los conservatorios. Eso es algo que mi generación se lo debe. Somos un tanto deudores de la forma de entender la música que tenían tanto Carmelo como la gente que él trajo. ¿Es difícil que salga más gente así? Bueno, de entrada hay algo que ya es imposible que se repita. Claro, entonces en Vitoria había un conservatorio superior, es decir, podías hacer la carrera aquí. Ahora eso no pasa. Ahora un chaval llega un momento en el que tiene que decidir dejarlo todo e irse a Donostia, Barcelona o París. Nosotros, en ese sentido, lo teníamos más fácil. Tampoco digo que me parezca malo lo actual. Es otro sistema. Más allá de eso, creo que de aquí van a seguir saliendo buenos músicos. De hecho, después de nosotros ha seguido pasando.

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