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44 niños ya estuvieron en navidades

Bikarte urge familias alavesas para acoger a cinco menores bielorrusos

Se trata de niños afectados por la radiación de Chernóbil que necesitan venir en verano para mejorar sus defensas

Agurtzane Salazar DNA - Lunes, 5 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Aterrizan los niños ucranianos que pasarán el verano el Euskadi.

Aterrizan los niños ucranianos que pasarán el verano el Euskadi.

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Aterrizan los niños ucranianos que pasarán el verano el Euskadi.

vitoria- Todo una inyección extra de vitamina D, de buenas defensas, y de cariño es lo que reciben cada verano los menores de Bielorrusia, que tienen la posibilidad de venir a Álava gracias al programa de acogida en familias de la asociación benéfica Bikarte. Unas vacaciones que para estos pequeños son esenciales para huir de la radiación de Chernóbil, pero también para enseñarles que otro calor familiar es posible, ya que muchos de ellos proceden de hogares desestructurados. Este año así tendrán la oportunidad de hacerlo 23 niños que ya han sido acogidos en ocasiones anteriores. De hecho, el verano pasado 68 niños de Rusia y Bielorrusia se beneficiaron del programa de acogida en familias del País Vasco, y en navidades han sido 44 los que han participado en la iniciativa. Sin embargo, cinco txikis, de entre 7 y 9 años, aún cruzan los dedos para que una casa de este territorio se ofrezca a abrirles la puerta durante este estío. “Nuestra urgencia en buscar familias se debe a que en el mes de septiembre se realizó un último viaje a Bielorrusia y se visitaron niños, que tenemos a la espera de encontrar familias de acogida, con una situación familiar muy difícil y con altos indices de radiación, por lo que su salud, aunque hoy es buena, si no salen de la zona hará desarrollar en breve graves enfermedades”, explica la vicepresidenta de Bikarte, Belén Carbalho.

Por esta razón, este viernes se realizó una charla informativa, a las 19.00 horas, en la Casa de Cultura de Amurrio con el doble objetivo de explicar este programa de acogida y el de proyectar el documental Los niños de Bragin, tras el viaje que hizo Bikarte en septiembre al sur de Bielorrusia, en la región de Gomel, la parte más afectada por la catástrofe nuclear de 1986, al ser colindante a Chernóbil.

La intención era que este vídeo diera a conocer el trabajo de colectivos como Familias Solidarias con el Pueblo Ruso o Bikarte, que organizan campañas de acogida para niños de familias con problemas económicos y que residen en estos lugares altamente contaminados. Bikarte, en concreto, se constituyó en 1997 bajo el lema No podemos cambiar el mundo, pero sí el de un niño. Como explica la vicepresidenta de esta asociación benéfica, en esa primera etapa del programa hubo varias familias de acogida en la zona de Aiala centradas básicamente en Laudio, y posteriormente se ha ido incrementando de manera considerable en Amurrio, siendo cada vez más las familias acogedoras, al igual que ha ido creciendo en Aiala.

“A pesar de haber pasado muchos años desde el accidente nuclear, la situación extrema en la que viven muchísimas familias abandonadas es clarísima: en zonas en las que realmente no se puede vivir por falta de infraestructuras, todo ello derivado de la alta contaminación que allí existe en sus tierras”, precisa. Se trata de viviendas sin agua corriente en muchos casos, ni calefacción. Sus moradores suelen ser personas sin recursos, “ya que de haberlos tenido no vivirían en esa zona de aldeas, desperdigadas, donde en muchos casos viven madres y abuelas, solas, con muchos hijos y nietos, envueltos en un gran problema de alcoholismo, por no ver un futuro de vida, ni nada que les dé alegría para vivir”.

De ahí que Carbalho destaque que “estos niños viven en Europa, pero ajenos de Europa, sin motivaciones, sin conocer un mundo por el que se puede luchar, sin interés por estudiar. Primero, por no tener medios para poder estudiar y segundo por no tener quien les motive a ello ni les indique lo importante que es y lo que les puede suponer estudiar para ayudar a su familia y para tener un futuro digno”.

Es a los niños de estas familias a los que se quiere acoger, para que salgan de ese círculo en el que les ha tocado nacer. “Con madres que trabajan en granjas prácticamente todo el día, que el alcohol en muchos casos es fiel compañero y que no pueden dar a sus hijos algo diferentes a la supervivencia”, resalta.

Además, otro gran motivo por el que los menores son acogidos es por la radiación que hay en su cuerpo y por lo que les supone salir unos meses a zonas limpias, para disminuirla de su cuerpo “y así evitar o tardar en desarrollar la tremenda enfermedad que es el cáncer, básicamente leucemia y cáncer de tiroides. Los porcentajes de cáncer infantil existente en Bielorrusia son extremos, todo ello a raíz de la alta radiación”, lamenta la vicepresidenta de Bikarte.

Estos niños carecen además de medios para ser atendidos adecuadamente de sus dolencias y las familias no pueden ayudarles a tener un tratamiento adecuado de quimioterapia durante el tiempo establecido, ya que el hospital oncológico se encuentra en Minsk a más de seis horas de viaje por carretera (contando con coche particular). Por eso, cuando están aquí se les lleva a revisiones de pediatría, oftalmología y dental... “De esta manera, algo que hemos contrastado en su viaje a Euskadi, son las tasas de radiación que mide su cuerpo, ya que se hacen las mediciones al salir del país y a su regreso y se constata cómo han bajado las mediciones. Todo ello gracias al sol, la alimentación sin radiación, a su estancia en lo que llaman zona limpia”, subraya.

Los requisitos que se solicitan a las familias “es primero que se informen a través de nuestras charlas de lo que se trata la acogida”. Por lo demás, como añade, se trata de tener paciencia, ponerse en el lugar del niño y disponer de tiempo para poder atenderles, sin tener que hacer nada especial, “únicamente hay que proporcionarles una vida de niños, que es lo que en muchos casos no tienen allí”. Para ello, sólo se pide darles cariño y procurar que tengan infancia, sin que tengan que preocuparse de la cruda realidad que viven en su día a día para que con el tiempo se les dé herramientas para motivarles en el estudio y avanzar socialmente para tener ilusiones y progresar ayudando a las familias.

La satisfacción de los acogedores es tal que lo normal es repetir el programa durante varios años y, por lo general, los menores pueden volver hasta los 18 años. “Al final pasan a ser miembros de la familia, con los que se mantiene el contacto, se les quiere y se les echa de menos y ellos allí, siempre tienen la tranquilidad de tener una segunda familia, un apoyo, alguien que les quiere y les guiará, es lo que les hace ver el mundo de otra manera y se les ayuda a salir”, resalta.

Las personas interesadas pueden llamar al teléfono 605.709.019 o 22, o bien contactar a través del correo bikarte@yahoo.es.

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