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La voz plural de las mujeres

Cinco parlamentarias analizan para DNA la situación de la mujer en nuestra sociedad.

Un reportaje de Txus Díez. Fotografía Jorge Muñoz - Domingo, 4 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Leixuri Arrizabalaga (PNV), Laura Garrido (PP), Oihana Etxebarrieta (EH Bildu), Eukene Arana (Elkarrekin Podemos) y Natalia Rojo (PSE).

Leixuri Arrizabalaga (PNV), Laura Garrido (PP), Oihana Etxebarrieta (EH Bildu), Eukene Arana (Elkarrekin Podemos) y Natalia Rojo (PSE).

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Leixuri Arrizabalaga (PNV), Laura Garrido (PP), Oihana Etxebarrieta (EH Bildu), Eukene Arana (Elkarrekin Podemos) y Natalia Rojo (PSE).

Leixuri Arrizabalaga (PNV), Laura Garrido (PP), Natalia Rojo (PSE), Oihana Etxebarrieta (EH Bildu) y Eukene Arana (Elkarrekin Podemos) aportan sus diferentes visiones sobre la igualdad en Euskadi y en el mundo. Todas coinciden en que queda mucho por hacer tanto en la calle como en las propias instituciones.

Eukene Arana critica quwe el organismo encargado de trabajar por la igualdad, Emakunde, sea “el antepenúltimo en la lista de gasto” en un momento en el que “ganamos un 15% menos que los hombres, representamos al 80% de las personas que trabajan a tiempo parcial y a un 75% de quienes trabajan sin contrato”. Leixuri Arrizabalaga rompe una lanza a favor del Ejecutivo de Iñigo Urkullu. “Ya no solo Emakunde se dedica a la igualdad, es algo transversal que afecta a otros departamentos” señala la parlamentaria jeltzale, quien considera que donde hay que incidir es donde “más nos cuesta llegar;en el ámbito privado”.

Natalia Rojo considera, por su parte, que la Ley de Igualdad fue pionera, “pero todo ha evolucionado, y en esto la sociedad ha vuelto a ir por delante de la política”. Así, considera que clase política e instituciones deben pasar del compromiso político a dar un paso “más allá de lo que decimos en una tribuna o en un programa electoral”. Y eso pasa por “aportar financiación a las normas, porque el papel lo aguanta todo”.

Oihana Etxebarrieta también considera pionera la Ley de Igualdad, pero “pasados los años todo lo que estaba en el papel tiene que ponerse en marcha con políticas concretas”, puesto que “la sociedad ha avanzado como para que tengamos que buscar nuevas herramientas, no solo legales, sino prácticas, para hacer frente a las desigualdades”.

Laura Garrido considera en torno a la Ley de Igualdad que “no podemos caer en la autocomplacencia”, puesto que “aunque hemos avanzado en al ámbito de la conciliación con medidas reales y efectivas, hay que incidir en el acceso a determinados trabajos técnicos, de formación profesional, y también a los puestos directivos”, en los que la representación femenina “no se corresponde con las mujeres tituladas que hay”.

Garrido señala las causas de la brecha salarial precisamente en su argumento en torno a la Ley de Igualdad, en “la dificultad para acceder a ciertos trabajos mejor remunerados”, una cuestión diferente a la diferencia de salarios para un mismo trabajo, que “va contra el ordenamiento jurídico”. Y aunque considera que “las administraciones tienen que acompañar a las mujeres en esos sectores masculinizados”, sobre todo se trata de “un tema cultural, de entorno familiar, que hay que acompasar con el educativo”.

Etxebarrieta explica cómo la brecha salarial se fundamenta en un mecanismo “mucho más sibilino” que la mera diferencia salarial a igual puesto de trabajo. “Se genera todo un aparataje para que las mujeres sigan cobrando menos, los sectores feminizados son los peor pagados, y las mujeres acceden con más dificultad a ascensos”. Eso sí, la parlamentaria de EH Bildu reivindica esos trabajos que “aceptamos como precarizados e invisibilizados”, y que “son necesarios para sostener la vida de quienes estamos aquí”.

Para Natalia Rojo, “en sectores masculinizados tienes que demostrar el triple”, y por ello considera que es “obligación” de las instituciones poner en marcha mecanismos para llevar esa igualdad a la empresa privada. Por ejemplo, mediante la firma de “un pacto de Estado en Madrid y uno de país aquí para pactar medidas que vayan más allá de quién gobierne”.

Arrizabalaga, por su parte, cree necesario “visualizar el problema de la brecha salarial porque gran parte de la sociedad no se lo cree, se cuestiona que sea cierto”. Así, apela “a los medios para hablar de este tema y socializarlo, interiorizarlo y que entre todas y todos pongan de su parte”.

Eukene Arana apunta que “en iguales puestos las mujeres no pueden acceder a horas extras o pluses nocturnos porque tenemos que ir a nuestro segundo trabajo, el de casa”, y en ese sentido afirma que “los hombres dedican una hora más al trabajo remunerado y nosotras dos horas y media más al trabajo no remunerado”. Además, censura, “el hombre se va a estudiar, a ver el fútbol o a descansar, y nosotras no”.

Leixuri levanta la mano para “hacer autocrítica” por “los años que tiene mi partido, con mucha responsabilidad institucional”. El PNV “ha sido el partido que ha puesto en marcha muchas iniciativas pioneras en materia de igualdad que luego no se reflejaban a nivel interno, a pesar de que la afiliación activa es mayoritariamente femenina”. Eso sí, la Ley de Igualdad fue “un punto de inflexión” y desde entonces “hemos adaptado todos los estatutos, en las ejecutivas empezó a haber cambios, y de hecho en la vizcaína somos más mujeres que hombres”.

En cuanto a Podemos, Eukene Arana cree que el hecho de ser un partido nuevo (aliado con Equo e Izquierda Unida en el Parlamento Vasco) ha permitido “hacerlo más o menos bien desde el principio, siempre hemos procurado crear un espacio de empoderamiento para las mujeres”, a pesar de que “todos los partidos están atravesados por lo que pasa en la sociedad”.

En EH Bildu, señala Oihana Etxebarrieta, “tenemos un grupo de política feminista que trabaja temas internos y externos, y ahora hemos apostado por un espacio, Emakumeon gunea, para tomar decisiones sobre diferentes temas, y sobre todo para cuidarnos y escucharnos entre nosotras”. En esos encuentros salen a relucir “nuestras experiencias en las instituciones, que son muy patriarcales”. En ese sentido, propone el ejercicio de “ver quiénes hablamos de educación o de política industrial”.

“Debemos dar un paso más allá de lo que se dice en una tribuna o en un programa electoral”

natalia rojo

Parlamentaria del PSE

“No ha habido ni mujeres lehendakari, ni diputadas generales;ahí están los datos”

laura ga

Laura Garrido pide “ser conscientes” de que el hecho de estar en el ámbito público supone que la situación de las mujeres en el Parlamento “está más normalizada”, aunque se debe avanzar en cuestiones como los permisos por maternidad. En relación al PP, afirma que “se ha valorado la capacidad de la persona por encima del género, pero al final, casualmente...”. Casualmente, ya en el ámbito general, “no ha habido mujeres lehendakari, ni diputadas generales ni alcaldesas de capital de provincia, ahí están los datos”.

Natalia Rojo defiende a un PSOE que “siempre ha tenido cuotas, que obliga a hacer listas cremallera”, que tiene “una secretaria general mujer en Euskadi y una presidenta de la Junta de Andalucía mujer”. “Y aun con todo -añade-, creo que la política todavía está todavía muy masculinizada”.

Rojo considera pionera aquella Ley de Violencia de Género de 2005, pero “se trata de hacer política a espaldas de la realidad o no, y la realidad supera a cualquier norma”. En ese sentido cree que “o hay recursos y un compromiso para adaptarse o la ley no sirve para nada”. Eukene Arana también pide recursos para una ley que, por otro lado, está desfasada “porque no recoge todas las violencias que sufrimos las mujeres, como los asesinatos por parte de desconocidos o las agresiones sexistas en fiestas populares”.

Leixuri Arrizabalaga coincide en que “el concepto en sí de violencia ha variado en los últimos años”, y por ello defiende “una revisión conceptual, medidas concretas y recursos”. La parlamentaria del PNV recuerda además que en Euskadi “existe el compromiso de aprobar una ley para erradicar la violencia de género”.

Etxebarrieta expresa su “miedo” de que tras la imagen de “consenso, en la práctica no estemos hacemos nada”. A su juicio, “la ley de 2004 fue muy importante, pero hemos avanzando y hay que reformularla” tras un proceso en el que se expongan los “diferentes puntos de vista” existentes en la materia para poder “aplicar medidas reales”.

También Laura Garrido señala la Ley de Violencia de género como “un hito”. Desde entonces se ha avanzado a la hora de “visibilizar a los menores como víctimas, ampliar los juzgados, modificar el Código Penal o poner en marcha campañas de sensibilización”, pero Garrido opina que es necesaria una revisión que “indudablemente tiene que venir con los recursos suficientes para no convertirse en papel mojado”. Apela, en ese sentido, al Gobierno Vasco para que “cumpla con su compromiso” de poner en marcha dicha norma en Euskadi.

Garrido cree necesario reflexionar ante “el repunte de actitudes machistas en la juventud”, pues “se supone que ha habido más educación en la igualdad, hay más información que nunca y estamos retrocediendo”. Eukene Arana también considera imprescindible esa reflexión, pero principalmente “como adultos”, ya que “seguimos reproduciendo comportamientos machistas y los tomamos como una tontería”. Arrizabalaga considera, por contra, que a ciertas edades los adultos “dejamos de ser referentes y es fácil apartarse del camino”, especialmente ahora que las redes sociales lo inundan todo.

Por su parte, Oihana Etxebarrieta admite que “puede haber cierta regresión”, pero la achaca “al trabajo de visualización de los últimos años. Nos echamos las manos a la cabeza -prosigue-, y yo misma he llegado salir llorando de talleres de socioeducación que he impartido, pero luego también me ponía en el lugar de la persona que nos daba a nosotros los talleres cuando yo tenía quince años”. Por último, Natalia Rojo apuesta por no “normalizar” ciertas actitudes. “El niño que no juega al fútbol es apartado, el niño que juega a las cocinas es gay... Son comportamientos a los que no se ha dado importancia”, advierte.

Etxebarrieta señala que movimientos como el de las actrices de Hollywod responden al hecho de que “el discurso a favor de la igualdad está calando”, y eso supone que “elites culturales o políticas” tomen la bandera de la igualdad. “Es positivo porque consigue una visibilidad que de otra manera no se conseguiría, aporta visibilidad a otras luchas”.

Eukene Arana cree que la reacción de las actrices ante el acoso “es el resultado de siglos de trabajo y reivindicación de las mujeres y del movimiento feminista;nos sentimos más acompañadas, no tenemos miedo al que dirán”. Además, “por primera vez se pone la lupa en el acosador”.

Natalia Rojo coincide en que la “visibilidad” es lo más positivo del Me too, pues que las actrices de Hollywood se planten “tiene más repercusión que si lo hiciera otro grupo de mujeres”.

Laura Garrido, por su parte, considera oportuno “denunciar todas las situaciones injustas”, pero cree que también se puede estar buscando “propaganda con reivindicaciones concretas”, y más allá de los gestos pide “descender al compromiso con todas las causas injustas”.

Leixuri Arrizabalaga, cinéfila declarada, llama la atención sobre el hecho de que “treinta años después mujeres como Salma Hayek o Uma Thurman se hayan atrevido ahora a decirlo”, y aunque dice no estar de acuerdo con acciones como la de acudir vestidas de negro a las galas, cree positivo destapar un mundo del cine tradicionalmente “muy machista”.

Para Arana, “ser feminista es una opción política”, y aunque este movimiento “es diverso y tiene matices y colores, no se puede despolitizar algo que es político”. Leixuri Arrizabalaga advierte por su parte de que la palabra feminismo está “estigmatizada, y es nuestra labor ponerla en valor, pues hay muchísimas mujeres que no se sienten identificadas”.

Etxebarrieta coincide con Arana y explica que “es muy difícil despolitizar un movimiento muy ideológico”, aunque a día de hoy “es muy diverso”, y señala en ese sentido que “no podemos hablar en nombre de mujeres migradas que trabajan en el sector doméstico, pero podemos escucharlas”. Laura Garrido explica que más allá de hablar de feminismo lo que hay que hacer es “involucrar al conjunto de la sociedad para implentar políticas efectivas que combatan las discriminaciones que seguimos sufriendo las mujeres”, y Natalia Rojo, por último, cree imposible sacar el feminismo de la clave política. Incluso “en algún momento dentro de mi propio partido me dicen que no soy feminista porque defiendo la gestación subrogada”. En todo caso, señala, “al final hay algo más grande que nos une”.

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