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Por una memoria feminista

La manifestación en recuerdo a las víctimas del 3 de marzo saldó ayer parte de la deuda contraída con las mujeres que vivieron las luchas de 1976, condenadas al olvido por el relato de la historia. Nerea, Arantxa, Maitane y miles más fueron sus protagonistas.

Un reportaje de Carlos Mtz. Orduna. Fotografías Jorge Muñoz - Domingo, 4 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Fotografía histórica de los momentos posteriores al 3 de marzo de 1976, que sumieron a Gasteiz en el horror.

Fotografía histórica de los momentos posteriores al 3 de marzo de 1976, que sumieron a Gasteiz en el horror.

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Fotografía histórica de los momentos posteriores al 3 de marzo de 1976, que sumieron a Gasteiz en el horror.

Begoña Aranburuzabala era una joven estudiante de enfermería interna en la Clínica Arana cuando el 3 de marzo de 1976 Gasteiz conoció el horror. En un abrir y cerrar de ojos, llegaron al ya clausurado hospital muchas de las personas heridas en la brutal carga de la Policía Armada contra una asamblea celebrada poco antes en la iglesia de San Francisco, que segó las vidas de cinco jóvenes trabajadores, y entre las que también había varias de bala. Aquel día, a la fuerza, ya no iba a haber más clases. En medio de esa confusión, Begoña y sus compañeras abandonaron sus rutinas para atenderlas con los escasos medios de los que disponían entonces. Fueron unas horas que nunca olvidarán, aunque la memoria selectiva y patriarcal de la historia sí lo haya hecho casi siempre. Al igual que ha olvidado el papel de todas las mujeres cuidadoras de la época, de las madres, las hijas o las hermanas, de las trabajadoras asalariadas, de las que también participaban en aquellas asambleas... “Lo vivió como si fuera una guerra”, rememora Nerea Martínez, hija de Begoña, y una de las voces del colectivo de víctimas Martxoak 3. Caprichos del destino, Begoña conoció en la propia clínica y en los días posteriores a la masacre a Andoni Martínez, hermano de Pedro Mari –uno de los cinco obreros asesinados– y también trabajador de Forjas Alavesas, quien terminaría siendo su pareja y padre de Nerea. Ayer, en el 42 aniversario de la matanza de Zaramaga, Gasteiz devolvió por fin a todas esas mujeres al menos una parte de la deuda histórica derivada del olvido, de esa falta de reconocimiento a todo lo que hicieron por mantener en pie la lucha obrera de 1976, reivindicando una memoria feminista, en igualdad. “Sin ellas, las huelgas se hubieran roto rápidamente”, enfatiza Nerea. Ella y miles de mujeres más, como las sindicalistas Arantxa Vázquez y Maitane Cuesta Martín, fueron las protagonistas de la multitudinaria manifestación en recuerdo a las víctimas que inundó las calles de Gasteiz. Encabezaron la marcha, cuya pancarta por primera vez no llevó la firma de ninguna central ni colectivo, y también tuvieron voz en su epílogo, con la vista ya puesta en el Día de la Mujer y la huelga feminista internacional convocada para este próximo jueves 8. Todas coinciden en que este reconocimiento llega tarde, pero también en que más vale tarde que nunca. “Es ilusionante porque se ha conseguido darle la vuelta. El 3 de marzo siempre ha sido nuestro 1 de mayo, pero este año también va a ser nuestro 8 de marzo”, valora Arantxa, integrante del sindicato LABdesde el año 2006 y con una amplia trayectoria de militancia en el movimiento feminista. “Yo me siento emocionada, porque siempre hemos estado en la parte trasera. Dar voz y visibilizar el papel de las mujeres un día como éste es súper importante”, destaca por su parte Maitane, militante de ESK e integrante de la Asamblea de Mujeres de Álava desde hace alrededor de dos años. un paso “necesario” “Era muy necesario dar este paso. Llegamos tarde, pero hemos hecho autocrítica y se ha visto que estábamos invisibilizadas”, apunta de nuevo Nerea, de Martxoak 3, mirando también hacia dentro de su colectivo, que históricamente ha contado con una amplísima representación masculina. Del impulso tanto de Martxoak 3 como de los sindicatos ELA, LAB, ESKy Stee-Eilas, los convocantes de la movilización, fue posible por fin rendir un tributo histórico a todas esas mujeres que estuvieron allí y fueron decisivas en el devenir de la historia aunque, debido a la educación hegemónica, sigan sin darse la importancia que tuvieron. “Si le preguntas a muchas mujeres que estuvieron allí a ver qué hicieron seguramente muchas dirán que no hacían gran cosa. Por ser mujeres se nos ha enseñado eso, que alimentar a una familia o cuidarla no es gran cosa”, expone gráficamente Nerea. Un esquema que, por desgracia, sigue plenamente vigente a día de hoy, en pleno 2018. “Esa sociedad machista del 76 sigue estando ahora. Y por ello hay tantas o más razones para seguir reivindicando la igualdad y luchando por ella. Lo que entonces ya comenzaba a reivindicarse no dista mucho de lo que se vuelve a reivindicar ahora”, justifica la voz de Martxoak 3. Las reflexiones son plenamente compartidas por Arantxa y Maitane, involucradas también estos días en la organización de un 8 de marzo que se prevé histórico. “A las mujeres se nos ha invisibilizado siempre en la historia, pero lo que pasó el 3 de marzo se sostuvo gracias a las mujeres. Esto no ha salido a la luz hasta ahora, y eso es relevante”, expone la militante de ESK. Arantxa, por su parte, cree que la marcha de ayer va a servir como “punto de inflexión muy importante” a la hora de revivir la memoria del 3 de marzo, un relato masculinizado pese a las decenas de mujeres que también entonces estuvieron en lucha. “Va a ser muy importante para la gente mayor, para las mujeres mayores sobre todo. Un reconocimiento que por fin llega”, valora por su parte la representante de LAB. sensibilidad Nerea Martínez extiende también su reconocimiento a los numerosos movimientos sociales de Gasteiz que ayer tuvieron también un papel protagonista en la marcha, por la sensibilidad que siempre han mostrado hacia la causa del 3 de marzo. “Sin ellos no estaríamos donde estamos. Existe una reciprocidad muy interesante, porque tienen su fundamento en los movimientos asamblearios del 76 y ahora trabajan para pedir justicia de la misma forma, asambleariamente. No es casualidad que contemos en Gasteiz con todos los movimientos que tenemos, como Hala Bedi, el Gaztetxe, Errekaleor...”, enumera Nerea. Gracias a la voz de estos y muchos otros movimientos, por supuesto a la de las miles de mujeres que los integran, Martxoak 3 mantiene todas sus energías recargadas para llevar su causa hasta el Tribunal de Estrasburgo, tras agotarse una vez más la vía de la Justicia española. Ilusiones de futuro que coincidirán, a juicio de Arantxa Vázquez, con la apertura de “una nueva fase”, especialmente tras el 8 de marzo, en la búsqueda de esa memoria feminista tantos años invisibilizada. “Que haya un motor feminista en Gasteiz es ilusionante”, reconoce sonriente. El camino, desde ayer, está bastante más despejado. l

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