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El Gudari regresa por sus fueros

Tras superar su grave lesión de rodilla, Laguardia vuelve a rendir a su mejor nivel

Borja Mallo Alex Larretxi - Sábado, 3 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Laguardia celebra un gol con sus compañeros

Laguardia celebra un gol con sus compañeros

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Laguardia celebra un gol con sus compañeros

Vitoria- Que uno de los jugadores más queridos en la grada de Mendizorroza sea Víctor Laguardia no es ninguna casualidad y por eso el alavesismo estalló en la locura cuando el central zaragozano marcó el jueves el gol que supuso la victoria ante el Levante, el sexto que consigue desde que viste de azul y blanco. Para una persona que en los últimos meses ha sufrido muchísimo en silencio para volver a ser el jugador que era justo antes de la gravísima lesión de rodilla que sufrió el pasado mes de abril -y la segunda de este tipo que padecía en su carrera-, todo el reconocimiento de la grada del Paseo de Cervantes es poco. Días y más días dándole vueltas a la cabeza, una fuente inagotable de dudas en estos casos, con la idea de volver a andar, de volver a correr, de volver a jugar, de volver a ser el que era antes. El gol fue el premio a todo ese sacrificio -un futbolista que por sanción se perdió el partido del ascenso a Primera División contra el Numancia y al que su rodilla impidió disputar la final de la Copa del Rey-, pero que el Gudari -tercero en esta peculiar saga de sobrenombres en Mendizorroza, tras Aitor Arregi y Jagoba Beobide- ha vuelto por sus fueros lo evidencia en su condición de pieza indiscutible para Abelardo y la jerarquía que con él se ha recobrado en un entramado defensivo que vuelve a liderar con enorme fiabilidad, haciendo mejores a sus compañeros en la zaga.

Desde su reaparición liguera en el duelo que cerraba la primera vuelta ante el Sevilla, el central maño se ha convertido en un indiscutible dentro de los planes del técnico gijonés. El Pitu ha apostado claramente, y lo seguirá haciendo hasta el final de la temporada, por las rotaciones y los descansos para mantener un elevado grado de concentración entre sus jugadores y que la competencia por hacerse un puesto en el once mejore el rendimiento del colectivo. En todos los casos, menos en el de Laguardia. Ocho partidos consecutivos acumula completos el aragonés (720 minutos), que ha recuperado sus galones de mando en el eje de la zaga.

Las dudas que podían existir acerca de su recuperación han quedado del todo borradas en poco más de un mes. Es cierto que la ciencia médica ha avanzado una barbaridad en los últimos años y que este tipo de lesiones de rodilla no son tan letales como antaño, pero el defensa albiazul afrontaba su segunda recuperación de este tipo y la incertidumbre estaba ahí asentada. Lo bueno, si es que algo hay cuando suceden desgracias así, es que contaba con esa experiencia anterior que le ha venido muy bien en esta recuperación para no acelerar de manera innecesaria. De un plumazo se ha encargado de erradicar las dudas el propio rendimiento del futbolista, que ha regresado a un nivel sobresaliente bien conocido en su figura y que hace dudar que haya estado en el dique seco durante prácticamente nueve meses.

Todavía más asentadoEl Gudari ha vuelto a ser el de antes. O, incluso, hasta mejor todavía. Con ese carácter aguerrido de ir siempre al cuerpo a cuerpo que le sirvió para ganarse el sobrenombre con el que el alavesismo le venera, pero con un poso cada vez mayor como líder de la defensa. Muy lejos en la memoria queda ya la imagen de ese central duro y que en no pocas ocasiones sobrepasaba los límites del reglamento con su contundencia y que tenía las amonestaciones como constante penitencia. Los años le han dado experiencia e inteligencia a la hora de entender e interpretar el juego. La exhibición defensiva que realizó ante el Levante -cortó dos carreras de Roger anticipándose al pase filtrado al delantero y su colocación fue clave para interceptar un peligroso disparo de Morales a bocajarro- es una clara muestra de que, en muchas ocasiones, mucho más vale la maña que la fuerza.

Esa experiencia que dan lo años y sus propias cualidades hacen de Laguardia el compañero perfecto a la hora de actuar en la zaga. Con el zaragozano, cualquiera se apunta a un bombardeo porque sabe de sobra que es uno de esos compañeros que nunca fallan y que siempre van a estar atentos a la hora de cubrir la retaguardia. En su ausencia, los problemas defensivos que este equipo arrastraba eran descomunales, con errores a veces impropios entre profesionales. Futbolistas que anteriormente habían demostrado su valía en el Alavés como pueden ser los casos de Alexis Ruano o Rodrigo Ely, parecían desamparados sin la presencia al lado del particular paraguas que representa el aragonés. No es de extrañar que su regreso a la titularidad haya coincidido con una etapa de enorme mejoría a la hora de contener a los rivales. El Gudari ha vuelto por sus fueros después de abandonar el infierno.

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