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el adiós de un mito del fútbol

“Puxa el Brujo siempre”

El fútbol alavés también llora la muerte de Quini, un ‘9’ de leyenda y una persona ejemplar 

Andrés Goñi - Jueves, 1 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Quini con el presidente Núñez tras ser liberado del secuestro.

Quini con el presidente Núñez tras ser liberado del secuestro.

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Quini con el presidente Núñez tras ser liberado del secuestro.5. Durantes dos cursos (82-84) jugó con Maradona en el Barça.Aspecto que presentaba ayer El Molinón antes del inicio del funeral en memoria de Quini.El estadio de El Molinón acoge hoy el funeral por Enrique Castro "Quini", exjugador del SportingDespedida de Quini en el Molinón.Minuto de silencio por Quini en San MamésQuini, en un homenaje que recibió en Gijón en 2016.Quini momentos antes del partido Sporting de Gijón - Osasuna de la liga de Primera División en 2012.Enrique Castro, ‘Quini’, un auténtico caballero del fútbol a sus 66 años, sonríe apoyado en un futbolín.
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Vitoria- Por gente como Quini el fútbol es tan grande y especial. Por eso cada vez que uno de esos ángeles se marcha al cielo, el vacío que se produce es inmenso, difícil de superar. Al tiempo, casi a modo de consuelo, la leyenda se agiganta. Al Brujo, sin embargo, nunca le hizo falta. Entre otras cosas porque su bondad como persona y su calidad como futbolista eran tan grandes que hace ya tiempo se había ganado por derecho propio un lugar destacado en el olimpo del fútbol internacional. En el terreno de juego, Quini fue grande además de un rematador rentabilísimo que firmó goles de todos los colores. Con la derecha, con la izquierda, de cabeza, de volea... Dominó como pocos todas las suertes de un delantero centro. Pero como persona, Enrique Castro siempre fue un tipo ejemplar. A pesar de que la vida lo molió a palos -perdió a su hermano Jesús en el mar mientras trataba de salvar a un niño inglés que se ahogaba en la playa de Pechón, estuvo 25 días secuestrado cuando jugaba en el Barça, sufrió un cáncer de garganta y hasta terminó arruinado-, jamás perdió esa sonrisa cómplice que sobre todo a los más pequeños provocaba fascinación. Una muestra de admiración probablemente inoculada por las historias de padres y abuelos sobre aquel 9 de leyenda que siempre llegó puntual a su cita con el gol. “Ahora, ahora, ahora Quini ahora”, coreaba El Molinón al unísono cuando tocaba arrebato. ¡Y vaya que si llegaba! Hasta siete veces -dos en Segunda y cinco en Primera- se proclamó Pichichi el bueno de Enrique Castro, despedido ayer en su Gijón natal como leyenda.

Por su forma de ser y jugar, la sombra del Brujo siempre caló hondo en el fútbol español, ayer rendido a la magia de un jugador que defendió siempre con orgullo los colores de su Sporting del alma, el F.C. Barcelona y la selección española. Quizá por ese respeto que siempre profesó hacia todos sus rivales nadie pudo nunca hablar mal del Brujo aunque fuera su acérrimo rival. Y quizá por eso su fallecimiento unificó ayer al mundo del balompié.

mané, ondarru, gaisán...El fútbol alavés no fue una excepción. Una representación de coetáneos suyos como Mané, Ondarru, Jesús Gaisán, Sabino Álava, Cándido Arroyo, Iñaki Espizua o el propio PituAbelardo, con quien ejerció de delegado en su época reciente en el Sporting, glosaron ayer para DIARIO DE NOTICIAS la figura de un jugador que, curiosamente, nunca pisó el césped de Mendizorroza vestido de corto. Se enfrentó un par de veces al Alavés en la temporada 68/69, en Segunda División, pero solo actuó en el partido de la segunda vuelta en El Molinón, donde marcó dos de los seis goles que aquella tarde del 2 de marzo de 1969 los rojiblancos le endosaron al Glorioso. No hubo más enfrentamientos ni alaveses con los que compartió vestuario. Lo hizo por aquellos días con un exalbiazul como Uribesalgo y a punto estuvo de hacerlo años después con José Urrechu pero llegó la oferta del Barça y Quini emigró. Como delegado, eso sí, visitaría varias veces el estadio albiazul, una de las últimas al lado de Abelardo, ayer profundamente apenado por la repentina muerte de su amigo. “Es un día muy duro para todos los sportinguistas. Su muerte es algo que aún no me puedo creer. Tuve la suerte de tenerlo de delegado en mi época de entrenador en el Sporting y es de esas personas que parecían inmortales...”, señaló el preparador albiazul, que aprovechó su comparencia pública para enviar su pésame a la familia y reivindicar la figura de Quini con un “puxa el Brujo siempre y puxa el Sporting”. Como jugador, recordó el Pitu, Quini “era un jugador espectacular y un goleador impresionante que consiguió siete Pichichis, algo que pocos jugadores pueden decir... Y después como persona era todo bondad, cariño, predisposición... ¡Era Quini! No hay nadie que pueda hablar mal de él porque era una excelente persona y allí donde íbamos era el más querido. ¡En cualquier estadio que jugáramos era el personaje que más autógrafos firmaba!”, glosó ayer el técnico en sala de prensa.

En parecido discurso se mueven Mané y su lugarteniente Ondarru, impecables a la hora de mostrar su admiración por Quini. Para el primero, “la persona ganó al mito, al futbolista, después de sufrir unas cuantas y desagradables vivencias personales y también sonoros triunfos, pero siempre fue leal a su equipo y su vinculación a su tierra fue de libro. Una gran persona”, mientras que para Ángel Garitano, su valor como persona siempre prevaleció sobre la figura del profesional. “Siendo un grandísimo goleador, aún fue mejor como persona”. Admiración y consternación son las sensaciones que el fallecimiento del Brujo dejaron ayer en Iñaki Espizua, entrenador nacional y representante de futbolistas, para quien el asturiano fue un jugador “fenomenal” y una “mejor persona”. Coincide también en este sentido Javier Cameno, decano de la prensa deportiva a quien el Brujo cautivó en las distancias cortas, y Cándido Arroyo, referencia histórica en el banquillo del Aurrera. “Quini nació por y para el fútbol. Siempre aunó todas las virtudes que se presuponen necesarias para un deporte colectivo: solidaridad, compromiso, sacrificio y compañerismo”.

Jesús Gaisán, el galeno que durante décadas sanó el vestuario del Alavés, recuerda por último la “nobleza” de la que siempre hizo gala Quini dentro y fuera de los terrenos de juego, “un ejemplo a seguir en el fútbol actual” que siempre ensalzó el irrepetible Manolo Preciado, el técnico que dedicó al Brujoel ascenso del Sporting a Primera por ser “una persona tan maravillosa”. El exfutbolista Alberto Roth no puede estar más conforme con esa apreciación. “Creo que pocos como Quini dignificaron tanto este deporte a cambio de tan poco. Pero él era así, todo humildad, nobleza y corazón. Por eso lo quería todo el mundo”.

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