Diario de AlavaDiario de Noticias de Alava. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Alava
bicentenario de la muerte de olaguíbel

El gran legado de Olaguíbel

La Plaza Nueva y Los Arquillos son la herencia que el arquitecto Justo Antonio de Olaguíbel entregó a Vitoria como innovadora solución sobre la que se cimentó la expansión urbanística de la ciudad en el siglo XIX.

Reportaje de Jose L. del C.. Fotografía J. Muñoz / A. Larretxi/ J. Chavarri / DNA - Domingo, 11 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:04h

La Plaza Nueva y Los Arquillos son las dos obras más célebres de Olaguíbel. Llevan su firma también la fachada de la Casa del Santo (izquierda) y el convento de Las Brígidas (inferior). El arquitecto Ramón Ruiz-Cuevas (inferior centro) es un estudioso de

La Plaza Nueva y Los Arquillos son las dos obras más célebres de Olaguíbel. Llevan su firma también la fachada de la Casa del Santo (izquierda) y el convento de Las Brígidas (inferior). El arquitecto Ramón Ruiz-Cuevas (inferior centro) es un estudioso de la obra del genial arquitecto vitoriano.

Galería Noticia

La Plaza Nueva y Los Arquillos son las dos obras más célebres de Olaguíbel. Llevan su firma también la fachada de la Casa del Santo (izquierda) y el convento de Las Brígidas (inferior). El arquitecto Ramón Ruiz-Cuevas (inferior centro) es un estudioso dela huella del arquitectoEn la imagen superior, el arquitecto Ramón Ruiz Cuevas, estudioso de los trabajos de Olaguíbel, mientras en la inferior, la historiadora María Larumbe, que impartirá una conferencia el próximo día 19 en VitoriaLa Plaza Nueva y Los Arquillos son las dos obras más célebres de Olaguíbel.
  • Flecha Ver anterior
  • Flecha Ver siguiente

Vitoria rindió ayer homenaje a Justo Antonio de Olaguíbel, en el bicentenario de su fallecimiento, y como gran recuerdo al arquitecto que, con la construcción de Los Arquillos y la Plaza Nueva, sentó las bases de la expansión de la ciudad más allá de la primitiva muralla que la limitaba. No podía imaginarse el joven Olaguíbel cuando, en el año 1781 y a la edad de 29 años, vio cumplido el sueño de cualquier arquitecto para acometer el más importante y revolucionario proyecto de crecimiento urbanístico de su ciudad natal. Estuvo a la altura de la tarea que le encargó el alcalde de Vitoria de aquella época, el marqués de la Alameda, para aportar una “solución arquitectónica que uniera la antigua ciudad medieval con la zona del Ensanche, ideando tres plazas singulares y salvando los 22 metros de desnivel de la colina desde la zona de Montehermoso”, explica con todo el sentimiento, Ramón Ruiz-Cuevas, colega de profesión de Olaguíbel y estudioso de toda su producción. “Es la unión mejor diseñada del mundo para plasmar sobre el terreno la transición de la zona medieval hacia el Ensanche”, glosa este enamorado del ilustre vitoriano.

No era tarea sencilla para el bisoño Olaguíbel, aunque perfectamente formado en templos como la Real Academia de San Fernando, encontrar la manera que le permitiera salvar la altura del enorme terraplén que delimitaba el final de aquella Vitoria del siglo XIX en el comienzo de la calle Cuchillería. Desde ese punto una enorme ladera de monte, de 22 metros, repleta de vegetación y maleza impedía extenderse a una ciudad que quería crecer más allá de ese corsé. “Lo supo enmarcar a la perfección y hacer todos los recorridos urbanos con lugares como la plaza del Matxete, la propia Plaza Nueva y la contigua de la Virgen Blanca. La mejor aportación de Olaguíbel son los espacios que aporta con esos lugares hechos para el paseo y disfrute de la gente. La solución final deja claro el nivel de genialidad artístico y es algo que tenemos que ensalzar y poner en valor los vitorianos del siglo XXI”, resume Ruiz-Cuevas.

EXIGENCIAS DE LA OBRAEn el momento en el que el regidor ilustrado señala a Olaguíbel como responsable del proyecto, el encargo le llega con una serie de condicionantes que elevan el grado de dificultad del trabajo. La plaza debe ser un cuadrado perfecto, de 220 pies castellanos en cada uno de sus cuatro lados, además de ser capaz de albergar un mercado, permitir la celebración de corridas de toros y contar con una zona porticada, para proteger al mercado de las inclemencias meteorológicas.

“También detalla el marqués de la Alameda que, tres de los cuatro lados de la plaza, se destinarán a viviendas reservando el cuarto para ser la sede de una nueva casa consistorial”, apostilla Ruiz-Cuevas. Ya en aquellos tiempos, hace 237 años, se apostó por financiar la gran obra con la plusavlía generada por la venta de las viviendas que se iban a edificar en la nueva plaza. La inmensa totalidad de ellas fueron adquiridas por la “sociedad vitoriana más pudiente” como nuevo lugar de residencia de más elegancia y distinción que en el interior de la original muralla. Se llevan a cabo los desmontes necesarios y la venta de las casas que iban a dar liquidez a la transformación de la ciudad. A partir de esos condicionantes del proyecto empieza a bullir en la cabeza del treintañero Olaguíbel la forma de encajar todas las piezas en una solución “excepcional y magistral”.

El 17 de octubre de 1781 se coloca la primera piedra de la obra una vez encontrado el lugar para ubicar en la zona baja de la colina el cuadrado perfecto de la Plaza Nueva. Olaguíbel se sumerge en dar forma a la idea que terminará plasmando con Los Arquillos y que funcionan como “calle porticada, orientada al sur y contrafuerte y pilar de sujección” en el costado de la colina y los 22 metros de desnivel.

“El primer tramo en construirse es el denominado del juicio, en la actual Cuesta de San Francisco, y que sirvió para albergar una cárcel y ser el lugar de celebración de juicios”, relata Ruiz-Cuevas. El segundo de los tramos, el denominado del Ala, sobre la calle Mateo Moraza, estuvo rodeado de alguna controversia al haberlos ideado originalmente “con una planta menos de las que finalmente se terminaron construyendo”, matiza el estudioso de la obra de Olaguíbel.

Toda esta obra se alargó en el tiempo durante una década, de tal manera que, para el 24 de diciembre de 1791, la corporación municipal ya pudo celebrar su primera reunión en el flamante Ayuntamiento que hoy en día, 227 años después, sigue dando cobijo a los 27 ediles surgidos de las elecciones de hace tres años. Algo más se alargó en el tiempo la tarea de contar con una calle interior porticada como Los Arquillos, rematados finalmente en 1.804.

El encargo le reportó al arquitecto una fortuna para aquella época de 58.480 reales que no alteraron la discreción de Olaguíbel. Siguió ocupando el piso de la calle Pintorería 22, en el que residió durante sus 66 años de vida, en compañía de su hermana Elvira. Cumplimentada la obra que le hizo pasar a la posteridad, los trabajos del arquitecto se orientaron a la arquitectura religiosa. Hay ejemplos suyos en construcciones como la portada de la Casa de San Prudencio en Armentia o la portada del convento de las Brígidas, visible en la calle Vicente Goikoetxea. Desperdigados por Álava se reparten otros trabajos como la sacristía de la parroquia San Andrés, de Elciego, el pórtico de Aberásturi o el coro mayor y reja en Gamarra Mayor.

Una existencia discreta y sin estridencias

La trayectoria personal de Olaguíbel apenas ofrece datos sobre una vida de apego a Vitoria y su hermana

VITORIA- Los 66 años de existencia de Olaguíbel, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, estuvieron marcados por una total discreción y apego a su ciudad natal del primer arquitecto académico de Euskadi. Más allá de la huella de sus dos obras de referencia “pocos datos disponemos de él, más que los referidos a su formación académica y detalles de sus conocidos trabajos”, explica María Larumbe, historiadora que realizó su tesis sobre la figura del insigne escultor vitoriano.

Olaguíbel, nacido en una familia de canteros con antecedentes de su abuelo y padre, completó la formación académica en la Escuela de Artes y Oficios de Gasteiz, de la que luego sería su director también. Su padre, preocupado por darle los mejores estudios, le envió a la Academia de Bellas Artes de San Fernando, bajo la tutela de otro ilustre como Ventura Rodríguez.

Pocos más son los datos que se pueden obtener de la biografía personal a lo largo de sus casi siete décadas de vida. Destacó por su gran apego familiar, al compartir vivienda junto a su hermana Elvira Antonia, en el número 22 de la calle Pintorería. Allí hay otra muestra del recuerdo de Vitoria a su arquitecto para recordar el lugar en el que nació, vivió y murió, con una placa en su memoria. No quiso moverse de ese emplazamiento, a pesar de tener dos viviendas en Portal del Rey, sobre la actual farmacia Puente, y en la que hay indicios de que también pudo trabajar en su diseño.

Tras finalizar su gran obra para Gasteiz realizó funciones de arquitecto municipal “aunque no hay constatación oficial de su nombramiento”, explica Larumbe, ofreciendo alguno de los pocos datos que sobre él se conocen. - Jose L. del C.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Noticias de Álava se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

    Más sobre ¡Qué mundo!

    ir a ¡Qué mundo! »

    • Avda. Gasteiz 22 bis 1ª Oficina 13 Vitoria - Gasteiz
    • Tel 945 163 100, Fax Administración 945 154 344, Fax Redacción 945 154 346

    • Oficina Comercial: Calle Portal del Rey 24 (Esquina calle Paz), Tel 945 201000, oficinacomercial@noticiasdealava.eus