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Pacheco

‘San Fernando’ centenario

El guardameta extremeño, uno de los mejores de la historia del club, alcanzará ante el Sevilla los cien partidos como alavesista

Borja Mallo Alex Larretxi - Viernes, 12 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:18h

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Fernando Pacheco es una de las grandes figuras de la etapa reciente del club.

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  • Fernando Pacheco es una de las grandes figuras de la etapa reciente del club.

Vitoria-Hablar del mejor jugador de la historia de un club en cierta demarcación no resulta sencillo porque comparar entre diferentes siempre requiere de la subjetividad de quien valora y en esto del fútbol los cambios a lo largo de los años han sido tremendos, pero no cabe duda que Fernando Pacheco se ha ganado un hueco en el imaginario albiazul como uno de los mejores guardametas, si es que no es el mejor, que en sus casi 97 años ha tenido el Deportivo Alavés. Quizá, y solo quizá, leyendas antiguas como Tiburcio Beristain y Javier Berasaluce -miembro después del Real Madrid que ganó cinco Copas de Europa- un Paco Leal que comandó el regreso a Primera División o Martín Herrera, Trofeo Zamora en el curso 1999-00 y guardameta del mejor Alavés de la historia, puedan ponerse a la altura de una figura como la de un San Fernando-el sobrenombre ya lo dice absolutamente todo- que el próximo domingo ante el Sevilla se hará centenario como alavesista en apenas dos temporadas y media jugando en el club del Paseo de Cervantes.

Para entender los últimos y gloriosos años del Alavés es impepinable recurrir a Pacheco. Una persona tímida, callada, casi siempre de rostro serio y extremadamente discreta que ha sido pieza fundamental -quizá la más importante- en la sucesión de éxitos de las últimas temporadas. “Es demasiado tranquilo”, llegó a decir José Bordalás del hombre que celebró el ascenso bebiendo un refresco de naranja y que se muestra más nervioso, aunque es extremadamente amable y cariñoso, en la conversación cara a cara que cuando se tiene que situar en una portería. En un deporte en el que el gol es el factor más relevante, que quien trata de evitarlos sea el futbolista más destacado de un equipo no es para nada sencillo y el extremeño ha conseguido serlo en no pocas ocasiones desde que llegase a la capital alavesa en el verano de 2015 -su fichaje se anunció el 7 de agosto y fue una contratación del todo inesperada porque se habían manejado otros nombres y, además, en principio se pensaba que iba a llegar como cedido y lo acabó haciendo en propiedad- para apropiarse de la titularidad indiscutible en una portería de Mendizorroza históricamente caracterizada por la volatilidad.

Una pieza clave El guardameta de Puebla de Obando (Badajoz) llegó a Vitoria con apenas 23 años -cumplirá 26 el próximo 15 de mayo- procedente de una cantera del Real Madrid a la que llegó muy joven. Pese a su juventud, lo más llamativo de todo era, y sigue siendo, la sensación que desprendía de absoluto veterano. El único signo de nerviosismo que se le puede atisbar es un tic en los ojos que le lleva a parpadear de manera constante, pero el aura de hombre tranquilo que le rodea fuera de los campos se eleva a la enésima potencia sobre el césped, donde llega a parecer una momia por su extremada serenidad.

Desde muy pronto, el alavesismo descubrió que se había encontrado con una joya. Que semejante guardameta estuviese en Segunda División y que aún hoy siga en un club aún humilde como el Alavés es muy difícil de explicar. Mendizorroza lleva dos temporadas y media disfrutando con un portero colosal. Desde muy pronto, dejó claro que su nivel se encontraba muy por encima de la media. A un cancerbero se le pide muchas veces que no cometa fallos que cuesten puntos, pero el extremeño fue capaz de sumarlos por sí solo casi desde el principio.

Si sus mayores inseguridades han estado siempre en el juego por alto y con los pies, bajo palos pocos en el fútbol español pueden igualar su nivel. Su capacidad para aguantar a pie firme en el mano a mano comenzó a forjar su aura legendaria en la categoría de plata. José Bordalás montó en torno a su prodigioso portero un equipo excepcional que defendía de maravilla y se sabía protegido por un hombre que en Vitoria acabó ascendiendo al rango de santidad, siempre dispuesto a aguantar firme para sacar un guante o una bota en el último momento y salvar los muebles.

Actuaciones memorables Su actuación en Miranda dejando la portería a cero -hasta sacó un balón con la cadera- o sus decisivas paradas en Barakaldo para casi certificar el ascenso -sacó a relucir entonces sus cualidades como parapenaltis- fueron claros ejemplos de la importancia de un Pacheco que, con el billete a Primera en el bolsillo, ni siquiera fue reconocido por LaLiga como el mejor guardameta de la categoría de plata cuando su nivel le acercaba ya a la internacionalidad.

Y es que si alguien tenía dudas de su adaptación a la élite, se encargó de disiparlas desde el primer momento. Si Bordalás construyó su equipo en torno al extremeño, el mismo camino siguió Mauricio Pellegrino. De ser el mejor guardameta no reconocido de Segunda a convertirse en uno de los más destacados de Primera apenas unos meses después. Ante los mejores jugadores del mundo también exhibió su talento. Tanto Leo Messi como Cristiano Ronaldo han mordido en alguna ocasión el polvo ante el meta albiazul, que puede vanagloriarse, por ejemplo, de haberles parado un penalti a cada uno de los dos astros.

En una nueva campaña memorable, más aún si cabe que la anterior, Pacheco consiguió convertir al Alavés en el quinto equipo menos goleado de Primera y fue clave también en la clasificación para la primera final de Copa del Rey de la historia del club con sus decisivas apariciones en la semifinal contra el Celta. La espina clavada -más en su entorno que en lo personal, donde destaca por su humildad y no le gusta que se personalice en su figura- de no haber sido citado por Julen Lopetegui a pesar de que el seleccionador le conoce de maravilla de las categorías de formación fue la única que le quedó en la última temporada.

Este curso arrancó con sus momentos más complicados en la portería albiazul y él mismo fue el primero en asegurar que no estaba ofreciendo su nivel. Una cuestión olvidada en las últimas semanas. Y es que, cuando se encuentra a las puertas de celebrar su centenario, Pacheco dejó en San Mamés una de esas actuaciones memorables que explican que en Mendizorroza sea desde hace tiempo considerado santo. Esta temporada seguirá ampliando sus registros, pero, a pesar de tener contrato, todos asumen ya que puede ser la última campaña de este personaje de leyenda.

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