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El acusado pidió perdón en el juicio

Condenan a más de ocho años de cárcel al atracador de dos bares de Vitoria

Podría quedar en libertad provisional para someterse a desintoxicación

El acusado, que ayer pidió perdón en el juicio, empleó la violencia contra los dueños de los dos establecimientos

Axier Burdain Josu Chavarri - Martes, 4 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:14h

Tras el segundo atraco, el ladrón corrió a refugiarse a un bar de Domingo Beltrán, donde fue arrestado.

Tras el segundo atraco, el ladrón corrió a refugiarse a un bar de Domingo Beltrán, donde fue arrestado.

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Tras el segundo atraco, el ladrón corrió a refugiarse a un bar de Domingo Beltrán, donde fue arrestado.

vitoria- Condena de más de ocho años de prisión para el individuo que atracó dos bares, en días consecutivos, en Gasteiz en enero del año pasado. Durante los dos asaltos el ladrón empleó la violencia contra los titulares de los establecimientos, motivo por el cual el acuerdo que suscribió ayer con la Fiscalía le coloca en una posición poco ventajosa y con una pena de cárcel elevada. Sin embargo, la defensa del acusado reclamó la libertad provisional con fines terapéuticos, ya que su defendido es toxicómano y, de esta manera, podría acceder de forma inmediata a un programa privado de desintoxicación. Rehabilitación que, por el momento, no puede llevar a cabo en la cárcel -donde actualmente se encuentra cumpliendo prisión provisional- ya que hay lista de espera para el programa de metadona. El magistrado del Juzgado de lo Penal número 1 de Vitoria solicitó a su letrado la preparación de un informe sobre el tratamiento a aplicar y otro sobre el comportamiento que el interno está teniendo en la penitenciaría. Si la documentación le es favorable y avala la tesis de la defensa, el reo podría beneficiarse de esta medida cautelar y, en el plazo de un mes, regresar temporalmente a las calles.

“¡Sólo voy a por el dinero!”. El acusado, un hombre de considerable altura y evidente fuerza física, entró en un bar de la calle José Domingo Olarte de Vitoria el 28 de enero de 2016 a las 15.40 horas. Vestía una prenda que le cubría el rostro y que únicamente le dejaba los ojos a la vista. Se dirigió a la dueña del establecimiento y le ordenó que se introdujera en la cocina mientras esgrimía un bote de spray y le apuntaba con él a la cara. La mujer, aterrorizada, accedió y entró en la estancia, quedando fuera de la vista de los posibles clientes. El hombre la siguió y le exigió que se tumbara boca abajo en el suelo. Le ató las manos a la espalda con unas bridas de plástico negro mientras le pedía que le entregara las llaves de la puerta y reiteraba que sólo tenía interés en hacerse con el metálico que pudiera guardar en la caja.

Siguiendo las indicaciones de la mujer, el atracador se desplazó hasta el lugar en el que se encontraban todas las llaves del establecimiento y lo registró a fondo. Encontró 250 euros en efectivo en la máquina registradora y se apoderó de ellos. Acto seguido, hizo uso de una barra de uñas para tratar de reventar la máquina tragaperras. La golpeó en varias ocasiones a la altura de las cerraduras, pero no consiguió abrirla, por lo que decidió abandonar el local. La mujer se arrastró por el suelo hasta alcanzar la calle para pedir auxilio. Como consecuencia de lo sucedido, la dueña del bar sufrió lesiones en ambas muñecas y padeció un episodio de nerviosismo y ansiedad.

A las 15.05 horas del día siguiente, el acusado volvió a cubrirse la cara con una prenda de color negro para acceder, con la cabeza cubierta por una gorra y las manos enguantadas, a un bar de la calle Perú. Como en la jornada anterior, sólo el dueño del local se encontraba en el interior. Entró dando gritos, exigiendo al hombre que le entregara el dinero de la caja y amenazando con matarle si no se daba la vuelta y se dejaba atar. En esta ocasión, se encontró con resistencia. El hombre se negó y el acusado se abalanzó contra él, arrebatándole la fregona con la que trataba de defenderse y echarle del local. El hombre logró colocar una silla entre él y su atacante, pero el ladrón le agarró y se lo llevó hasta la zona de los aseos, donde le tiró al suelo y se colocó sobre él para amordazarlo. Al mismo tiempo, hurgaba en sus bolsillos y le amenazaba gritando “que te pincho”. Durante el forcejeo, el agresor propinó múltiples golpes con los puños y los codos al dueño del establecimiento y éste le consiguió arrancar de la cara el buffque usaba para enmascararse, la gorra y los guantes.

lanzó una bombonaEn un momento dado, la víctima se zafó y escapó de los aseos. El acusado le lanzó una bombona de butano, que no llegó a golpearle porque logró esquivarla e impactó violentamente contra la pared. Debido a la fuerza empleada en arrojar la bombona, el atracador se desestabilizó y cayó al suelo, circunstancia que fue aprovechada por el dueño para salir y pedir auxilio. El acusado también abandonó la escena y se dirigió a otro bar, esta vez en la calle Domingo Beltrán, donde entró en el servicio para cambiarse de ropa. Abandonó el pantalón de camuflaje, la sudadera y el buff y se desplazó hasta un tercer local, donde finalmente fue localizado y detenido por la Policía Local. Los agentes le requisaron 190 euros y una navaja de 8 centímetros de filo. Además, en el establecimiento que intentó asaltar, los policías encontraron una bolsa con un martillo, una barra de uña metálica y un rollo de cinta americana.

Merced a la conformidad alcanzada ayer, el denunciado reconoció los hechos y aceptó cumplir cinco años de cárcel por el primer robo y dos años, siete meses y quince días por el segundo. Dos meses más por las lesiones causadas a su primera víctima y seis meses más por las provocadas a la segunda. Finalmente, una multa de cinco euros diarios por espacio de dos meses en concepto de indemnización por lo sucedido durante el primer atraco.

Durante la vista celebrada ayer, la titular del primer establecimiento en el que actuó estaba preparada para declarar por videoconferencia y escuchó, alejada del objetivo, las disculpas del ahora condenado. Aseguró haber actuado movido por la ansiedad que le provocaba el consumo de droga y pidió perdón. “Lo siento. Ninguna persona debería hacerle esto a otra”, pronunció. Mientras, la mujer, en una estancia contigua, oía sus palabras evitando que su imagen apareciera en la pantalla. No quería que sus miradas se cruzaran de nuevo.

denuncia

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