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Siempre y nueva mágica primavera

Por Julen Rekondo - Lunes, 13 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:13h

En pocos días entraremos en esa estación de la vida, como la llamo, la primavera. Porque, si cada estación climatológica supone una serie de cambios en los elementos que componen los ecosistemas, la primavera puede ser calificada como el renacer y resurgir de la vida. Alimento y agua en abundancia, apareamientos, crianza, migraciones, floración…Una época sin igual para descubrir esos mágicos mecanismos que regulan el sorprendente equilibrio de los ecosistemas.

La orografía y los componentes climatológicos existentes en Euskadi provocan variaciones incluso dentro del propio territorio. Como consecuencia, la primavera puede hacerse notar de forma más intensa en unos u otros puntos. Tanto en animales como en vegetales los cambios provocados en la primavera son básicamente hormonales y fisiológicos, y se desencadenan debido a la temperatura, fotoperiodo y disponibilidades de agua y alimento. Aunque tradicionalmente se dio a la temperatura una gran importancia como mecanismo básico, parece que su importancia no es tal, siempre y cuando se mantenga entre unos determinados límites. Contrariamente al caso de la primavera, para los procesos de largo letargo invernal, tanto en vegetales como en animales, su importancia parece que es mayor. El fotoperiodo presenta dos componentes. Por un lado, el número de horas de luz que soporta el ser vivo a lo largo del día;y por otro, la intensidad de luz que le llega. Normalmente se le considera como mecanismo regulador básico, siendo responsable de que, en un momento dado, se dispare el instinto migrador de ciertas especies de aves, viajando en una u otra dirección en busca de climas más propicios.

La disponibilidad de agua y alimento, más que un elemento desencadenante de toda una serie de procesos, es una consecuencia de la llegada de la primavera, que permite el desarrollo de toda una serie de mecanismos ecológicos. Por ejemplo, las aves eclosionan cuando el número de insectos es mayor, y por tanto el alimento es más abundante. Los vegetales germinan cuando, antes de los calores estivales, la disponibilidad hídrica es mayor. Los animales de sangre fría crían cuando la luz y la temperatura es tal que las crías pueden mantener la temperatura corporal sin grandes esfuerzos.

Euskadi, a pesar de la profunda transformación del territorio que ha sufrido derivada de los procesos de industrialización, urbanización y creación de infraestructuras, aún dispone de espacios con unos valores naturalísticos importantes, que da gusto contemplarlos en la primavera, aunque por supuesto también en otras estaciones. La existencia de tres regiones, desde el punto de vista biogeográfico en que se divide nuestro territorio -atlántica, de transición y mediterránea- hace que incluso las consecuencias ecológicas de una u otra estación del año, puedan ser algo distintas según nos encontremos en una zona u otra. Así, las variaciones climáticas existentes en cada zona condicionan unos tipos de vegetación, algunos comunes pero otros diferentes.

En general y a fin de conocer cómo influye la primavera, vamos a considerar un ecosistema de bosques caducifolios. Dentro del bosque caducifolio pueden distinguirse el caducifolio propiamente dicho y el bosque de hoja marcescente, esto es, que la hoja ya seca, permanece en el árbol durante la mayor parte del invierno. La primavera, pues, influye de dos formas. En el caducifolio activando el proceso de formación de nuevas yemas, y en el de hoja marcescente activando la suelta de hoja y la generación de la yema. En los bosques caducifolios, al igual que en la mayoría de los ecosistemas, la primavera condiciona el desarrollo de la vida animal. Las agallas de los robles, donde han permanecido escondidas una o varias larvas de insectos parásitos, según especies, vuelven a recobrar vida permitiendo que los animales salgan al exterior y mediante su picadura parasiten nuevos árboles. En los hayedos, los hayucos que habían caído el año anterior al suelo comienzan a germinar en un suelo húmedo, rico en materia orgánica y que el sol comienza a calentar, condiciones estas idóneas para el desarrollo de la nueva planta. Las aves que anidan en estos bosques lo hacen en épocas más tardías que en los de hoja perenne. Este hecho, aparentemente sin importancia, no es otra cosa que un ejemplo del perfecto mecanismo adaptativo entre el reino animal y vegetal.

Con la primavera tendremos la oportunidad de incorporarnos a los escenarios de la vida, esos que nos negamos en la cotidianeidad. Es la oportunidad, esperemos que aprovechada, de asomarnos a una convivencia que nos puede permitir entender y disfrutar mejor de la condición humana. Porque de la misma forma que nuestra piel, al contacto con los aires libres y la luz sin pantallas se oscurece, es decir, se hace mestiza y en consecuencia diluye la soberbia de la identidad única, también cabe pensar que nuestros sentimientos se amplíen incluyendo la vastedad de lo mirado. Se nos puede poner también morena el alma con tan solo dejar que la naturaleza se exprese y la escuchemos.

La sencillez de lo espontáneo, la libertad que emana de la ausencia de obstáculos, normas y prescripciones, incluso el sosiego y la belleza de las manifestaciones naturales pueden formar parte de nuestro período de descanso primaveral. Sugiero que se dejen acariciar por la ilimitada oferta del calendario. Sean, si les apetece, recíprocos con la propuesta que les están haciendo los campos. Los estados del derredor y del tiempo cíclico que lo va llenando todo de nuevos proyectos de vida son dos de los aspectos más cruciales de lo humano y de lo natural. Todos somos de una época y de los instantes que van tejiéndola. Todos somos de uno o varios lugares. Pero no nos reconocemos del todo de esos momentos que con cadencia regular van sucediéndose a lo largo del año. Generalmente nadie se dice de la primavera o del otoño. Sin embargo, el tiempo circulando es otro de los paisajes que si son vividos multiplican el placer de contemplar y le dan su mayor sentido a la vida. El clima y el calendario son albergues de los que no podemos escapar, pero ojalá tampoco incomprender.

La primavera es tiempo de anuncios. Por eso inunda todo el entorno con aromas, es decir, el lenguaje de las flores. Es tiempo también de canciones porque ni un solo pájaro deja de emitir músicas, las que compusieron el preludio de la primera sonata de la historia. La transparencia de un día que ya ha conquistado toda su estatura anual, permite que en nuestros ojos se multiplique la serena jugosidad del prado y del bosque. Y en todas las esquinas están eclosionando nuevas proles.

Primavera es inseparable de la alegría, de esa plaga de vivacidad que desborda al recipiente de tiempo y espacio en el que todos estamos. ¡Aprovéchenla! Porque la vida vivida en compañía de lo vivo y de sus acontecimientos genera, a la par que un bellísimo y por completo gratuito espectáculo, una generosa cosecha de emociones. Déjenla pasar a sus adentros, la primavera lo renueva todo, incluso la desgastada memoria de que nosotros también somos una de sus creaciones.

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