Diario de AlavaDiario de Noticias de Alava. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Alava

Las consecuencias de una cola para comprar pan

Por Txema Montero - Sábado, 11 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:13h

josé Antonio Obieta Chalbaud, jesuita, fue un brillante profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Deusto. Los estudiantes, siempre puñeteros, le pusimos por mote El Chato de Harvarddebido a su prominente nariz y a que había estudiado en aquella prestigiosa universidad americana. Acabó sus estudios siendo el número uno de su promoción;el número dos resultó ser un tal Henry Kissinger. Solía provocarnos con análisis de la Historia contrarias al materialismo histórico en el cual los estudiantes marxistas creíamos haber encontrado el método infalible para interpretar de modo certero todo lo sucedido desde el origen de la humanidad. Recuerdo una memorable lección que comenzó más o menos de la siguiente manera: “Al rey Alejandro I de Grecia le mordió un mono (1920) mientras paseaba por su jardín del Palacio Tatoi, falleciendo de sepsis tres semanas después. Muerto el rey, el líder político antimonárquico, Eleftherios Venizelos, encontró su oportunidad para proponer un cambio de régimen. Las consecuencias políticas para Grecia, por entonces en guerra con Turquía, resultaron de enorme trascendencia, etc. etc.” Ahí se produjo un parón del discurso de Obieta ante los murmullos crecientes de la peña roja, que veíamos una insustancialidad en todo eso de la mordedura de un mono como catalizador de un cambio histórico en el país heleno. En ese preciso punto, nos aguardaba al acecho El Chato de Harvard: “¿Acaso habría sucedido lo que después ocurrió si no le hubiera mordido antes el mono al rey de Grecia?”. Debo reconocer que la pregunta me persiguió durante años, hasta que comprendí que hay cosas que suceden por casualidad y resultan tener consecuencias colosales. ¿Qué habría sucedido si el indeciso Pilatos no hubiese cedido a las presiones del Sanedrín?

El 23 de febrero de 1917, en Petrogrado, entonces capital de Rusia, subió varios grados la temperatura después de semanas soportando un frío inclemente. Aprovechando la tregua climatológica, las trabajadoras del textil, hartas de tener que guardar largas colas para comprar el pan que llegaba a cuentagotas, decidieron manifestarse. Para engrosar la manifestación, pidieron que les echaran una mano los obreros de la enorme fábrica de armamento Putilov, muchos de ellos sus propios padres, esposos, novios o hermanos. Al día siguiente, Petrogrado estaba paralizada y la Revolución de Febrero, anticipo de la Revolución de Octubre, la bolchevique, desgarró la Historia de Rusia. ¿Qué habría ocurrido de no ser por la cola del pan?

Al comienzo de la guerra (1914), los socialistas revolucionarios, los mencheviques y los bolcheviques habían sido reprimidos y casi disueltos por la Ojrana (la Defensiva), policía política y único organismo que funcionaba verdaderamente bien en el zarismo. Me atrevería a decir que así ha sido durante toda la historia rusa: los tres siglos de dinastía de los Románov, las décadas del comunismo, primero con el nombre de la Cheká y luego KGB;y hoy en día con el FSB, punta de lanza de la política de Putin, él mismo excoronel de la KGB. Tanto es así que los rusos dicen “ha nacido un policía” como equivalente a nuestro “ha pasado un ángel” que exclamamos cuando tratamos de rellenar un incómodo silencio durante una conversación. Con los dirigentes revolucionarios deportados en Siberia, la cárcel o el exilio, menguadas sus posibilidades de auspiciar o dirigir la revuelta, los manifestantes en plena espontaneidad se hicieron con las calles de Petrogrado. Las colas de pan se convirtieron súbitamente en oleadas de ira.

Alexander Kerenski fue el hombre del momento. Abogado de 36 años, conocía el quién es quién de la vida pública gracias a su pertenencia a la principal logia masónica de Petrogrado, pero no tenía la mínima experiencia en administración y gestión política, lo que le imposibilitaba para afrontar la mayor crisis sufrida por Rusia tras la invasión de Napoleón en 1812.

Los socialistas siempre habían debatido sobre la definición del socialismo, pero casi ninguno ponía en duda que debía basarse en la democracia de sufragio universal. Lenin, al contrario, proponía la dictadura

Kerenski tenía dos prioridades: restablecer la autoridad del gobierno en las ciudades y el frente de guerra y abastecer regularmente a los ciudadanos de alimentos provenientes del campo. Ahí le esperaba Vladimir Ilich Uliánov, conocido como Lenin. Al igual que la mayoría de los dirigentes de su partido bolchevique, se trataba de un intelectual con orígenes de clase media y gran capacidad para redactar artículos y programas, útiles para ideologizar a una población urbana ávida lectora de periódicos y panfletos. Las masas campesinas permanecían mientras tanto atentas a las voces que les prometían tierra, paz y pan. Pero lo que los bolcheviques realmente ansiaban era la toma del poder. Los demás partidos, sobre todo los de izquierdas, no alcanzaron a comprender esa feroz determinación.

Los socialistas siempre habían debatido sobre la definición del socialismo, pero casi ninguno ponía en duda que debía basarse en la democracia de sufragio universal. Lenin, al contrario, proponía la dictadura, la discriminación basada en los orígenes de clase y la imposición ideológica. Lenin tenía poca estima por los rusos, a quienes consideraba perezosos, blandos y no demasiado listos: “Cuando encuentras a un ruso inteligente -le dijo a Gorki, escritor bolchevique- casi siempre es judío o tiene sangre judía en sus venas”. Esto, en un país donde independientemente de la revolución se seguía viendo a los judíos como extranjeros.

Debido a esa escasa consideración hacia su propio pueblo, Lenin se dedicó a convertir a las personas en seguidoras de su doctrina, persuadirlas de que al seguir su proyecto comunista se convertían en activos, críticos, rebeldes e independientes;mientras que de otro modo no pasarían de simples ovejas. A la postre, el rebaño lo compusieron quienes quedaron atrapados en esa doctrina. La tolerancia con la que Kerenski trató a los bolcheviques, que habían estado a punto de derrocarlo a él y a su gobierno durante el mes de julio de 1917, fue celebrada por Lev Trotski, quien afirmó: “Nuestros enemigos no tenían ni la determinación ni la consistencia lógica suficientes” (Historia de Rusia en el siglo XX, Robert Service, Editorial Crítica). Es conocido que los depredadores deben ser más inteligentes y fieros que los animales que son sus presas.

En septiembre de 1917, con Lenin huido a Finlandia burlando su detención, ordenada por Kerenski, el mando de las fuerzas bolcheviques queda en manos de Trotski, brillante y extravagante, mejor orador y escritor que su jefe, capaz de conmover a las multitudes pero impopular en su partido por advenedizo y arrogante. Trotski, con dominio de la técnica del golpe de Estado, condujo a los bolcheviques a la victoria en el mes de octubre, en el que comenzó la sumisión bajo la bandera roja de los pueblos de Todas las Rusias. Me comprometo a escribir sobre ese episodio cuando se cumpla el centenario de la Revolución de Octubre, que el periodista americano John Reed llamó los “Diez días que estremecieron al mundo” y que muchos llamaron caos no comprendiendo que el caos también es orden, pero el orden de otros.

Lenin -para quien, al decir de Gorki, el ser humano no tenía “casi ningún interés;él solo pensaba en partidos, masas, estados”- resultó una impredecible espoleta de las impacientes masas del pueblo ruso, como el mono que mordió la mano del rey griego en aquella provocación intelectual del padre Obieta. Sin su feroz determinación, otra hubiese sido la historia rusa, europea y mundial. Y ello a pesar de las injusticias que vivían los pueblos rusos, que algún otro camino habrían encontrado para su liberación ya que algo siempre hubiera pasado porque nunca ha pasado que algo no pasara.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Noticias de Álava se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

Más sobre ¡Qué mundo!

ir a ¡Qué mundo! »

  • Avda. Gasteiz 22 bis 1ª Oficina 13 Vitoria - Gasteiz
  • Tel 945 163 100, Fax Administración 945 154 344, Fax Redacción 945 154 346

  • Oficina Comercial: Calle Portal del Rey 24 (Esquina calle Paz), Tel 945 201000, oficinacomercial@noticiasdealava.eus